Nucleares en serio

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LA postura de sectores importantes del PSOE, incluido el presidente Gobierno, en contra de la energía nuclear es fiel reflejo de una inmadurez que resulta inaceptable en quienes ejercen altas responsabilidades políticas. El debate sobre el cierre de la central de Garoña ha puesto de relieve las diferencias insalvables que separan a Rodríguez Zapatero de otros líderes como Felipe González o Javier Solana, capaces de tomar en serio la política energética. Bajo la retórica de la economía sostenible y las energías renovables, el Ejecutivo y la fundación que preside Jesús Caldera lanzan mensajes poco convincentes sobre un nuevo modelo siempre impreciso, cuyo objetivo sería al parecer superar la economía del cemento y el petróleo. Es evidente que estas ocurrencias sin fundamento no alivian la suerte de los cuatro millones largos de parados ni generan la confianza necesaria para que España salga de la crisis. Peor todavía, si se tiene en cuenta que -según cálculos solventes- el modelo energético del PSOE multiplicará por diez el recibo de la luz y el coste de la electricidad podría dispararse hasta más del veinte por ciento de la renta per cápita.

La opinión antinuclear se moviliza al amparo de viejos resabios falsamente ecologistas, mientras sigue pendiente el informe preceptivo del Consejo de Seguridad Nuclear sobre la central burgalesa que sólo sería vinculante para el Gobierno en el caso de que aconsejara el cierre de Garoña. Esto deja un amplio margen de discrecionalidad política al Ejecutivo, que tal vez está dispuesto a dar un golpe de efecto en plena campaña electoral con el anuncio de la clausura de ésta y quizá de otras instalaciones. Sería lamentable que Rodríguez Zapatero utilizara un asunto de largo alcance para la búsqueda oportunista de votos de cara al 7-J, pero lo cierto es que los ciudadanos están ya acostumbrados a las maniobras típicas de un presidente que antepone las conveniencias partidistas a corto plazo sobre el interés general. Es realmente absurdo plantear el cierre de nuestras centrales nucleares y pretender luego que esta energía sea adquirida en Francia o que el supuesto desarrollo sostenible se realice a costa del bolsillo de los contribuyentes. Según muchos expertos, la energía nuclear es más limpia y más barata que otras opciones alternativas. En todo caso, un asunto de tanta trascendencia merece un debate serio y riguroso al margen de las urgencias electoralistas de un partido que teme sufrir un varapalo en las urnas europeas.