La CIA no trata con criminales

Por Vernon A. WALTERS, ex director adjunto de la CIA
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Desde los ataques sobre Nueva York y Washington del pasado 11 de septiembre el nombre de Osama bin Laden ha sido mencionado de forma casi continua en las informaciones sobre esos sucesos. Se han repetido las historias en las que se afirma que la CIA ayudó a Bin Laden contra los soviéticos durante los diez años que duró su ocupación de Afganistán. Debo decir, francamente, que durante mis años en esa organización nunca escuché mencionar su nombre, aunque mi etapa en la CIA se remonta a unos años antes de la invasión soviética de ese país.

La primera vez en que su nombre fue conocido para el gran público americano fue después de las bombas en las embajadas americanas en Nairobi y Dar es Salaam. Atentados que costaron la vida a varios cientos de keniatas y tanzanos. Varios hombres fueron arrestados en relación con esos atentados. Fueron extraditados a los Estados Unidos, juzgados y hallados culpables por los jurados -recuérdese que bajo la legislación americana prima la presunción de inocencia y el Estado debe probar la culpabilidad para convencer al jurado-. También hubo pruebas de su conexión con el atentado contra el crucero «Cole» en el puerto de Adén, Yemen. Ese crimen costó la vida a 19 marinos americanos.

Por alguna oscura razón hay personas que ahora intentar inferir que la inteligencia americana se vio implicada en el auge de Bin Laden, quien proviene de una acaudalada familia saudí que lo ha repudiado. No hay ningún servicio de inteligencia en el mundo que actúe bajo tantas restricciones legales como las que el Congreso de los Estados Unidos impone a nuestros servicios. No pueden tratar con nadie que tenga un pasado criminal, ni con algunos profesionales, como por ejemplo los periodistas. No en vano el general De Gaulle dijo en una ocasión que «el puritanismo de los americanos no les impide pecar; sólo les impide disfrutar de sus pecados».

Dependiendo de lo que hagan los Estados Unidos, a los que les desagrada nuestro país dirán que América reaccionó con una precipitación temeraria, o por el contrario que lo hizo con lentitud injustificable. Es una de las cargas que tenemos que asumir por ser libres y poderosos. La sobrellevaremos y seguiremos dedicando nuestras vidas y nuestro capital a garantizar la supervivencia de la Libertad.