Un mal negocio

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El Teatro Real convirtió una función pública (al menos así estaba programada) en una representación casi privada al vender —a espaldas de la Compañía Nacional de Danza— más del 90 por ciento del aforo a un Banco. Asegura que así sacó 14 millones más que en las otras dos funciones de «Romeo y Julieta». Muchos teatros del mundo venden sesiones privadas, al margen de las de acceso al público en general, en un inteligente intento de rentabilizar sus instalaciones. Pero eso ha de hacerse con luz, taquígrafos y publicidad, no a hurtadillas. Además de la estrepitosa confusión de lo público con lo privado, lo peor es que el director gerente del Real, Juan Cambreleng, siga creyendo que esos millones son un buen negocio.