Narcotraficantes

Santos, generosamente, otorgó diez escaños a los traficantes de droga como Santrich. Eso es lo que avaló España

Ramón Pérez-Maura
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Estamos tan centrados en las miserias de nuestra política nacional que nos cuesta recordar algunos de los asuntos en los que nos hemos visto envueltos como país en los últimos años. Nuestra política de Estado que dirigió José Manuel García-Margallo implicó a la Corona en un falso proceso de paz con los narcoterroristas de las FARC antes de escuchar la voz del pueblo. Llevaron a Don Juan Carlos al último acto de campaña del plebiscito apoyando a Santos y a la guerrilla. Algo inaudito. Y, como es lógico, los colombianos dijimos que no -y a mí bien que me dolió votar en contra de lo que fue a apoyar a mi Rey Juan Carlos.

Como todos menos Margallo sabíamos, y creo que soy generoso concediéndole esa ignorancia, los vínculos de las FARC con el narcotráfico volvieron a ponerse de manifiesto la pasada semana cuando fue detenido a instancias de la Justicia norteamericana el lugarteniente de la guerrilla Jesús Santrich, pillado con las manos en la coca junto a Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez, que es el segundo de la guerrilla tras Timochenko. Hasta ahí tiene poco de novedoso. Lo verdaderamente notable del caso es que gracias al acuerdo que Margallo hizo avalar a España y a su Rey Juan Carlos, Santrich es uno de los diez miembros del Congreso colombiano elegido el pasado 11 de marzo. Y no lo es por decisión popular. Porque las FARC, entre las dos cámaras, lograron el 0,8 por ciento de los sufragios. Pero Santos, generosamente, otorgó cinco miembros en cada cámara a los traficantes de droga como Santrich. Eso es lo que avaló España.

Frente a este descalabro moral de Colombia las encuestas parecen apuntar una victoria del centro derecha colombiano en la candidatura de Iván Duque y Marta Lucía Ramírez. Los más desesperados se precipitan a descalificar a Duque por ser el candidato del expresidente Álvaro Uribe que con Andrés Pastrana fueron las piezas clave de la derrota del acuerdo de paz de La Habana en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Pero Santos se fumó el resultado de aquella consulta con lo que le proporcionaron los narcotraficantes. Sus menguantes seguidores aducen que también Uribe firmó la paz con los paramilitares. Por supuesto que es verdad. La pequeña diferencia reside en que en mitad de su segundo mandato, Uribe extraditó a Estados Unidos a casi todos los cabecillas de las bandas criminales paramilitares porque desde la prisión seguían delinquiendo. Bromas, las justas.

Juan Manuel Santos negoció la paz con una banda de secuestradores, terroristas, violadores de niñas y narcotraficantes que según él aducía que tenían un gran respaldo popular. Eso le valió el Nobel de la Paz más indigno de la historia -y eso sí que tiene mérito. Afortunadamente cuando llegue la hora de extraditar a Santrich, Santos estará ya viviendo en Londres y corresponderá a otro presidente, limpio de polvo y paja, firmar la orden.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura