Nadie y tal

En el nacionalismo está tomando cuerpo la idea de un plante de las defensas cuando las cosas se pongan realmente feas

Ignacio Camacho
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Hay momentos, y esta semana ha abundado en ellos, en que el juicio del procés parece una versión siciliana del episodio entre Ulises y Polifemo. Ya saben, aquel en que el aventurero de Ítaca engaña al gigante diciéndole que se llama Nadie y luego lo deja ciego. Los testigos que participaron en el golpe colaboradores externos, pretenden convencer al tribunal, a base de evasivas, omisiones y rodeos, de que no sabían para quién trabajaban ni quién les encargó los servicios que proveyeron. No conocían a Nadie, Nadie les pagó las facturas y Nadie organizaba los preparativos del referéndum, que brotó por generación espontánea como una improvisada iniciativa del pueblo. A lo sumo era «un tal Toni», el que en el

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