Nada con sifón

M. MARTÍN FERRAND
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EN España, donde el olvido sienta sus reales y la desmemoria implanta la ingratitud, le ha dado a todo el mundo por hablar más del pasado que del futuro. También los picadores le tapan los ojos a sus caballerías para que no se espanten con lo que tienen delante, pero ese es un mal sistema. Es algo cívicamente penoso, culturalmente empobrecedor y políticamente perverso. Gracias a nuestro peculiar sistema educativo, tan igualitario como paupérrimo, los nuevos españoles no saben de dónde vienen y, gracias a nuestro pintoresco sistema representativo y diz que parlamentario, los ciudadanos no sabemos lo que nos espera. Esto es el limbo. Desde tan singular posición, lejana de los modos con que se enfrentan a la crisis las grandes potencias europeas y próxima a las prácticas de un campamento de boy scout, el PP ha presentado en el Congreso una Proposición no de Ley con la que pretende una estrategia económica válida para la recuperación del empleo.

Alfonso Sánchez, crítico de cine, cronista social, humorista fino y la carraspera más famosa de los sesenta y los setenta, mantuvo durante años en La Codorniz una sección -«Nada con sifón»- que firmaba como Chistera. La Proposición del PP podría incluirse bajo tan memorable y sonriente epígrafe. Llega con retraso en su exposición de motivos, describe lo obvio y conocido y, cuando llega a lo mollar, se limita a dibujar unas cuantas ideas mostrencas que, en buena medida, están en los planes del Gobierno aunque se hayan quedado en formulaciones platónicas, tímidos intentos y acometidas fallidas. Es la expresión de un PP sin brío, como de vacaciones perpetuas, y muy lejano del partido potente y eficaz, claro de ideas y enérgico en sus realizaciones, que en menos de ocho años fue capaz de transformar la realidad económica de España.

José Luis Rodríguez Zapatero no supo prevenir ninguna de las crisis que ahora nos sofocan, que no es sólo la financiera. Tampoco se enfrentó a ellas con el garbo debido y lo que termina de cerrar el perverso círculo de los temores es que Mariano Rajoy, a quien hipotéticamente podría corresponderle enfrentarse a la resaca de tan triste situación, no parece tener muchas ideas en el zurrón. Como gran rabadán de la derecha, se ha rodeado de pastorcillos inexpertos y fofos después de arrinconar y ningunear a los más sólidos valores de su formación. Él pone la nada y el sifón se da por añadidura.