Un año de nada

Les va mal, pero tienen a Sánchez de rehén

Luis Ventoso
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Hoy se cumple un año de la celebración de la madre de todos los referéndums, la consulta que iba a fundar ipso facto la flamante República catalana. Pero cunde la sospecha de que a día de hoy ese Estado viene a ser tan real como el Rivendel de Tolkien. Por su parte, el presidente catalán que lanzó el envite se ha convertido en un personaje de hechuras frikis, que tras plantar a los suyos en una fuga intempestiva y avícola –de subespecie gallinácea– vive guarecido en Bélgica, un Estado semifallido que se está fumando las más elementales normas de cooperación comunitaria y no lo entrega. Junqueras, cerebro del golpe y su mentirómano económico oficial, está en la cárcel desde noviembre. Marta Rovira y Anna Gabriel, tan gallardas y joviales en los días de la insurrección, se dieron el piro en cuanto se abrió la primera vía de agua en el casco de la nave. Ambas se ocultan en Suiza y están más calladas que Melania Trump. Los Jordis, aquellos jabatos barbados que animaban a destrozar coches de la Policía española y acosar a sus agentes, también moran en la trena, como la olvidada señora Forcadell y el señor Turrull, el hombre gris al que sin éxito intentaron disfrazar de presidente. El 155, que iba a provocar un incendio social y callejero de proporciones bíblicas, se aplicó sin que pasase nada. Las primeras elecciones autonómicas tras el golpe no las ganó ningún partido separatista, sino uno cuyo único programa era el españolismo: Ciudadanos (aunque luego Arrimadas no haya sabido poner en valor aquel triunfo). El apoyo al independentismo cae hasta en las encuestas de la Generalitat, de rigor comparable al CIS de chef Tezanos. El Parlament está cerrado, por peleas internas en la secta, y los mossos ya dan porrazos a sus hooligans. Por último, ya se ha probado que independencia equivale a ruina: el éxodo de empresas no solo no se ha revertido, sino que ha continuado, con 1.900 más que han huido este año de la mamarrachada antisolidaria del separatismo.

En resumen: muy bien no les va. Por eso resulta lacerante que el mayor éxito del independentismo en 2018, que ha sido quebrar la unidad constitucionalista, no lo hayan conseguido ellos, sino que se lo ha regalado la izquierda española. Escuece reconocer que quienes hoy dan aire al independentismo son Sánchez, porque los necesita para seguir ocupando el poder, y su socio Iglesias, un comunista madrileño de familia acomodada, que desde que llegó a la política se ha dedicado de manera inexplicable a dar coba al nacionalismo y tenderle la alfombra roja.

Hace un año, Rajoy paró el golpe separatista. Hoy el Estado tendría una gran ocasión de aprovechar a fondo aquella victoria, de entrada aplicando un nuevo 155, más largo y profundo, tal y como exigen las amenazas de Torra (Alemania o Francia no tolerarían que el presidente de una región llamase cada día a alzarse contra el Estado). Es triste tener que decirlo: pero en este instante los mejores aliados de Torra, Puigdemont y Junqueras se encuentran en la izquierda antipatriótica y pusilánime de Pedro y Pablo. Hasta Page y Lambán se atreven ya a decirlo.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso