¿Nacionalismos o localismos?

JOSÉ MARÍACARRASCAL«¿POR qué se critican nuestros nacionalismos y, en cambio, se

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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«¿POR qué se critican nuestros nacionalismos y, en cambio, se ensalza el nacionalismo español?», viene siendo una de las principales quejas de los nacionalistas periféricos, redoblada últimamente por el clamor alzado en torno a los éxitos de nuestra selección.

Sé por experiencia que discutir con los nacionalistas son ganas de perder el tiempo. Estamos ante gentes de piñón fijo e idea única, por lo que todo intento de establecer con ellos un debate dialéctico sólo conduce al absurdo o al aburrimiento. Pero como algún lector puede encontrarse ante tan contundente pregunta, le ofrezco una réplica de la misma. La queja nacionalista esconde, tras lo que parece de una lógica irrefutable, un supuesto erróneo que la invalida. Nada tiene que ver el actual nacionalismo español con el nacionalismo catalán, vasco, gallego o similares. Son estos nacionalismos cerrados, restrictivos, con un grado más o menos grande de xenofobia y un prurito de superioridad sobre los demás que les hace no sólo antimodernos, sino también peligrosos. Su principal y a veces su único ingrediente es el odio a España, del que se alimentan para sacar pecho. Aunque el mayor odio lo reservan hacia sus convecinos pro españoles, que ponen al descubierto su desnudez. El resto no es mucho más que leyenda que pretende ser historia, ambición personal de sus dirigentes y violencia contra todo el que no es como ellos. Estamos, por tanto, ante un nacionalismo de rebote, estéril y raquítico, que ni siquiera existiría si no existiese España.

Es verdad que en España existió también un tipo de nacionalismo elemental y hermético, del que quedan aún rastros. Era el nacionalismo del «¡Santiago y cierra España!», el del «España luz de Trento y martillo de herejes», que simbolizó en su día la idiosincrasia de nuestro país. Pero el alejamiento a que nos llevó del mundo moderno y los conflictos internos y externos que nos produjo hicieron que fuese surgiendo junto a él otro nacionalismo infinitamente más universal y abierto, mucho más crítico y profundo. El nacionalismo de los ilustrados del siglo XVIII, el de los liberales del siglo XIX, el de Joaquín Costa, el de Ganivet, el de la Generación del 98, el de Unamuno, el de Ortega, el de Marañón, y ya en nuestros días, el de la Constitución del 78, que reconoció la pluralidad de España como pieza clave de su ser como país y como nación. Esa es la enorme, la insalvable diferencia entre el nacionalismo español y los nacionalismos surgidos en su seno: el actual nacionalismo español siente como suyo lo catalán, lo vasco, lo gallego, lo andaluz, lo valenciano, lo castellano, lo extremeño y cuantas variedades encierra, mientras esos nacionalismos no reconocen la parte que tienen de españoles. Es más, la combaten con tal saña que llegan a autolesionarse y a atentar contra sus propios intereses, como ocurre con el idioma común, que es el de cuatrocientos millones de personas.

El nacionalismo español es, en suma, abarcador, se enorgullece de los éxitos ocurridos en cualquier punto de su territorio, goza de su variedad de paisajes, costumbres, climas, cocinas, presume de tener un pequeño continente como patria. Mientras el nacionalismo local mira al vecino como enemigo, le amargan sus éxitos y se alegra de sus fracasos, aunque esos fracasos repercutan desfavorablemente sobre él.

Nada hay de malo en el amor a la tierra que nos vio nacer y en enorgullecerse de sus hechos y sus gentes. Pero cuando ese amor y ese orgullo se alimentan de rechazo, de odio, de cerrazón y de soberbia, lo que era sentimiento positivo se torna negativo. Dicho de otra forma: a nuestros nacionalismos les falta su 98, su depuración crítica, su bagaje universal. Es incluso posible que nunca lo tengan, al ser en realidad localismos.

Creo que con ello queda contestada la pregunta del principio. Aunque puede que no hubiese necesitado tantas palabras, que me hubiera bastado apuntar lo que están haciendo Ibarretxe, Carod y Quintana con sus respectivas comunidades.