Morales da las «gracias» al Gobierno

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LA cuarta cumbre Unión Europea-América Latina tiene como elemento positivo que se haya podido celebrar en un país como Austria, que no forma parte del ámbito de lengua española o portuguesa, lo que consolida este diálogo transatlántico que interesa especialmente a España. Pero esos beneficios tendrán que esperar a que el Gobierno español sea capaz de articular una política coherente y razonable, que sustituya su actual deriva irresponsable en una de las ramas más primordiales de nuestra política exterior.

Las humillantes declaraciones hacia España que realizó ayer el presidente de Bolivia, Evo Morales, son la desagradable constatación de la cosecha que le toca recoger al Gobierno tras su decisión de optar por apoyar activamente las posiciones políticas que van en contra de los intereses de España y que perjudican el encaje de los iberoamericanos en el mundo. La diferencia a favor del imprudente líder boliviano es que al menos Morales es impecablemente consecuente con sus posiciones (por equivocadas, nocivas y trasnochadas que puedan ser), mientras que el Gobierno español se ha quedado prisionero de su propia retórica vacía: no ha logrado protección para los intereses económicos españoles y ahora aún le reprochan que no cumpliera las promesas de doblar su ayuda económica y perdonar la deuda.

En Iberoamérica, hasta ahora, el Gobierno no ha hecho más que remar en la dirección contraria del sentido común: ha promovido una política que da la espalda a los demócratas en Cuba, mientras Castro pagaba el gesto aumentando la represión; ha querido buscar la complicidad de Hugo Chávez y este ha puesto en peligro la industria militar española, y, finalmente, quiso la sonrisa del protoindigenista boliviano y este le ha respondido con el mayor desprecio.

Iberoamérica atraviesa en estos momentos una situación muy delicada. La Comunidad Andina está a punto de saltar en pedazos como primer resultado de la política de Chávez, que encabeza junto a Fidel Castro una cruzada contra los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Ni Chávez ni Morales ocultan sus intenciones de hacer lo posible para utilizar sus recursos energéticos como arma de presión política. Tarde o temprano, también la Unión Europea (y España con ella) se verá involucrada en la misma discusión esencial que ya se da en cuanto al tipo de relaciones económicas con Estados Unidos. Es posible que en esta cumbre de Viena todavía sea posible disimular estas gravísimas tensiones, pero sin duda llegará un momento en el que, si España quiere tener algo que decir en el futuro de toda la región, no podrá seguir ignorando esta situación ni quedarse anclada escuchando la demagogia perniciosa que defienden los que ha elegido como principales aliados.