Los monstruos, nuestros monstruos

Nos horroriza que de monstruos así dependan hoy los precios del petróleo, esto es, la economía del planeta

Gabriel Albiac
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Robert-François Damiens subió al patíbulo de la atiborrada Place de Grève un 2 de marzo, para que fuera cumplida su sentencia: «Tenazas candentes se aplicarán sobre sus pezones, brazos, muslos y piernas, su mano derecha, que cometió el crimen, será quemada con fuego de azufre y, sobre los lugares en que se aplicaron las tenazas al rojo, se verterá plomo fundido, aceite hirviendo, pez, resina ardiente y una mezcla de cera y azufre fundidos; después, su cuerpo será tensado y descuartizado por cuatro caballos y sus miembros consumidos por el fuego, reducidos a cenizas y aventadas éstas». Así se hizo. Aunque los cuatro caballos no bastaron: hubo que añadir dos más para consumar un espectáculo festivo que se prolongó durante

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