La moda del zapatazo

ANTONIO BURGOS
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SERÁ que uno tiene unas preocupaciones más raras que la leche que mamó, pero siempre me ha inquietado Erdogán. Desde la vez primera que escuché la palabra. Me dije: ¿de qué laboratorio será el Erdogán? ¿De Roche o de Bayer? ¿Y en qué presentaciones vendrá? ¿En inyectables, en cápsulas? ¿Hay Erdogán Forte y Erdogán Retard? ¿Lo pasará el Seguro, o será de esos frutos de botica que no tienen junto al código de barras esas siglas tan de III Reich de «A.S.S.S.» y te las tienes que pagar de tu bolsillo? Con estas dudas encaminé mis pasos hacia la gaditana Botica del Palillero, donde trabaja de mancebo El Love, genial chirigotero, y le pedí una caja de Erdogán. Por la cara que puso cuando miró aquello en la pantalla del ordenador, creí que el Erdogán era de los preparados que no venden sin receta. Pero no era por eso la cara de cachondeo que puso El Love, quien me dijo:

-Antonio, picha, que lo he mirado en el ordenador y me ha dicho el chino que Erdogán no es ninguna medicina, joé, sino el primer ministro de Turquía. El jefe de todas las fábricas de camas turcas y de todos los baños turcos. Ahora, que es lógico que hayas venido aquí buscando al Erdogán, porque el tío tiene un nombre de pastilla para darle fuerza al yamentiendes que no se puede aguantar. Así que si quieres encontrar a Erdogán tienes que volverte a tu tierra. Tú vete a la puerta del Ayuntamiento, espera allí, y al primer tío que veas que le arrean un zapatazo en toda la cara, como a Berlusconi, pero sin Catedral de Milán, ése es Erdogán.

Estuve por preguntar a El Love qué puñetas hacía Erdogán en Sevilla, pero no quise cansarle, no fuera a decirme como en el estribillo de «Los Falsos», su chirigota de este año: «¡Tequiarcarajo, Juan!» Por lo que mi perplejidad y mi inquietud quedaron intonsas como edición de bibliófilo. Eso: ¿qué puñetas hace Erdogán no digo ya en España, sino en Sevilla? ¿Que le ha dado un premio el Ayuntamiento, dice usted? Que ya no está aquí El Love, usted, que se ha quedado en su botica, déjese de chirigotas. ¿Cómo le van a dar un premio en Sevilla a Erdogán? ¿Qué ha hecho ese gachó por Sevilla? Ah, ya: porque es el amiguito de Zapatero y a los jefes hay que hacerles la pelota adulando a sus protegidos. Pues nada, por mí como si le dan a Erdogán el premio a la mejor estocada de la Feria, ¿será por premios? Ah, ya, que es cosa de la alianza de civilizaciones (tócame los que riman), claro, que el Ayuntamiento le ha dado el premio «Entre Culturas», aprovechando que el Guadalquivir pasa por Lora y viene crecido. Entre Culturas. Ese el problema de Erdogán y de Turquía. El problema no es qué tiene que ver Erdogán con Sevilla (nada), sino qué tiene que ver Turquía con Europa (menos todavía). ¡Más europea es Tánger, o Casablanca, la de la película, y nadie las quiere meter en la Unión Europea!

Ahora, que tras el zapatazo que le arreó el curdo sin la curda a Erdogán al salir de recoger ese premio incomprensible e inexplicable, Sevilla debería reclamar ser la Capital Mundial del Zapatazo, que está de moda. ¿Habrá algo más flamenco que un zapatazo, que suena a pataíta por bulerías? ¡Plas, plas, poleás, y zapatazo! Óooole. No es lo mismo que un periodista iraquí le arree un zapatazo con mucho malage a Bush en Bagdad a que un curdo le pegue el suyo a Erdogán en Sevilla con mucha gracia. Aquí hay más arte en el zapateado. Estamos entre el zapatazo de Occidente y el babuchazo de Oriente, vamos Entre Culturas. Se impone la protesta del 42 para caballeros y del 36 para señoras. ¿No le tiró Norma Duval su yimichú a Giménez Arnau, que si lo pilla lo deja en el sitio? Me extraña que a Zapatero nadie le haya arreado todavía un buen zapatazo, con esta moda. Sería lo propio: zapatazo a Zapatero. Pero que esto no salga de Eurasia, porque como se corra la voz, estoy viendo a España entera descalza de un solo pie. ¿O es que usted no le pegaba un babuchazo a ese tío, por irresponsable?