¿Ministro de quién?

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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HAY veces, demasiadas veces, en las que Miguel Ángel Moratinos más parece el Ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, de Cuba o de Venezuela que de España. Por ejemplo, cuando visita Gibraltar como si el Peñón fuera un territorio extranjero, en vez de ser una colonia en nuestro territorio, concediendo con ello a los gibraltareños atributos que sólo les otorgan los ingleses, contra todas las resoluciones de la ONU, dicho sea de paso. O cuando defiende en Bruselas el levantamiento de las sanciones impuestas a Cuba, contra el parecer del resto de los países comunitarios, opuestos a dar facilidades a un régimen que deja morir a sus opositores en condiciones infrahumanas. Aunque nunca lo pareció más que cuando le dijo a Chávez que el gobierno español nada tenía que ver con el auto del juez Velasco sobre las actividades de los etarras en Venezuela. O sea que, en vez de pedirle explicaciones, como nos había dicho Zapatero -no sabemos si mintiendo o equivocándose, con este hombre nunca se sabe-, lo que hizo fue darle explicaciones al caudillo bolivariano, como gusta llamarse. Para llegar al colmo de la impudicia al acordar con su colega venezolano un comunicado conjunto donde se refuta el auto de un magistrado de la Audiencia Nacional. Pocas veces habrá caído tan bajo la política exterior española.

¿Qué están tramando los servicios jurídicos del ministerio que preside Moratinos con el auto del juez Velásco? ¿Le están buscando puntos flacos para no cursarlo? ¿Intentan que el magistrado le lime las aristas? ¿O le están dando largas, con la esperanza de que se olvide, como se olvidan los incidentes en torno a Gibraltar? No lo sé. Lo único que sé es que este Ministerio de Asuntos Exteriores no está defendiendo los intereses de España, sino los del gobierno al que pertenece, que hace aguas por todas partes. Un gobierno que se ha equivocado prácticamente en cuanto ha hecho y al que ahora le llegan las facturas de sus equivocaciones, en la economía, en la ordenación territorial, en la acción exterior y en unir al país. Pero en vez de reconocer esos errores, intenta que sean España y los españoles quienes paguemos por ellos. Ya lo estamos haciendo. Con el doble de parados que los países de nuestro entorno, con las más bajas perspectivas de recuperación, con el mayor desprestigio en los foros internacionales y con todo tipo de humillaciones a manos de los sátrapas hispanoamericanos. Pero ésta ha sido y sigue siendo su hoja de ruta. ¿Por qué creen ustedes que Moratinos dura tanto en el gobierno Zapatero? Pues porque nadie defiende mejor su política de resentimiento y acoso a lo que España representa que su ministro de Asuntos Exteriores. En realidad, Moratinos es Zapatero sabiendo idiomas. Casi preferimos el original que la copia. Al menos miente sólo en español.