El «ministro» López Garrido

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Le hacen madrugar, le obligan a mantenerse atento a los interminables discursos, está obligado a responder hablando sin guión a preguntas de los eurodiputados sobre cualquier asunto que se le pueda reclamar a la presidencia española, está obligado a leerse informes que aburrirían a cualquiera. Pero a Diego López Garrido debe de resultarle muy agradable su participación en los plenos del Parlamento Europeo, porque desde el principio de la presidencia española los vicepresidentes que dirigen la sesión y los distintos traductores le han nombrado ministro con todas las letras. Puesto que hay otros países donde el cargo que ocupa tiene el rango de ministro y lo de secretario de Estado es un poco complejo de traducir, cada vez que le corresponde hablar le anuncian como ministro y cuando terminan le dan las gracias «al señor ministro». Así da gusto asistir a los plenos.