52 millones no es nada

IRENE LOZANO
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CON CAJAS TEMPLADAS

Poco me parecen 52 millones de euros como pensión para José Ignacio Goirigolzarri. Las críticas que ha recibido su estipendio se deben a que no hemos comprendido bien lo que ha pasado, mecachis, pese a las lágrimas que llevamos derramadas por la crisis. Las entidades financieras pueden hacer con nosotros lo que les salga del consejo, aquí, en Islandia y en las Islas Caimán. Pueden conceder hipotecas de alto riesgo a espuertas si les da la gana y dejar de dar créditos a pymes solventes cuando les convenga. Pueden comprar subprimes y diseminarlas por el mundo o falsear datos contables si eso les apaña. ¡Para eso son entidades privadas, oiga! La cuestión es la siguiente, y presten atención, que no va a estar una siempre con lo mismo. Si su gestión es buena, los directivos cobran sus bonus y sus pensiones. Si lo hacen mal y llevan la entidad a la quiebra, allá que vamos los contribuyentes a socorrerlos de buen grado. El rescate de Caja Castilla La Mancha nos ha salido por 9.000 millones del ala, poco si se compara con los 50.000 millones que ha costado el del Royal Bank of Scotland a los británicos. Consideren lo bondadoso que ha sido el BBVA, que no nos ha obligado a rescatarle. Y ahora que se va uno de sus hombres magnánimos ¿vamos a escatimarle 52 milloncejos que ni los pagamos nosotros ni nada? Algunos califican el hecho de inmoral, pero para mí que son unos envidiosos. O bien no quieren hablar de regular por ley las prácticas bancarias, incluidos sueldos y pensiones, porque su indignación tiene un límite: el que marca la hipocresía.