José María Carrascal

La mili vuelve a Suecia

Personalmente, lamenté la abolición de la «mili» por la cohesión que daba a la nación española

José María Carrascal
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La noticia no ha tenido apenas eco, siendo relegada a las páginas interiores de los periódicos e ignorada totalmente en los telediarios. Sin embargo, me parece digna de comentario por muy diversas y señaladas razones.

Hay que empezar diciendo que el servicio militar obligatorio no fue una idea del antiguo régimen, cuyos ejércitos estaban formados por «lansquenetes», soldados de fortuna, y levas de muy diversa índole. Fue un invento de la Revolución Francesa cuando, acosada por los imperios centrales europeos, decidió llamar a las armas a los ciudadanos al conjuro de La Marsellesa –«¡Marchad hijos de la patria!»–, consiguiendo lo que nadie creía posible: derrotarlos. O sea, se trata de una idea de la izquierda. Lo que tiene su sentido, ya que portar armas era, desde tiempos de la Atenas clásica, un privilegio de los ciudadanos, una especie de honor y distinción que se prolongaría a lo largo de los siglos. Por lo que su abolición bajo gobiernos de la derecha (en Francia bajo Chirac, en España bajo Aznar) no resulta tan extraño como a primera vista parece. Aunque a estas alturas, la izquierda ha tomado el servicio militar obligatorio, como todo cuanto se refiere al ejército, como algo estrechamente unido a los regímenes conservadores…, a no ser que ellos ocupen el poder. El último ejemplo lo tenemos en Venezuela con Maduro.

Ahora parece que se inicia un cambio de marea. En Suecia, un gobierno de centro-izquierda se dispone a reinstaurar ese « servicio a la patria» de modo gradual, (4.000 reclutas el primer año debidamente seleccionados, hasta llegar a 8.000 en 2025), que atribuye al recelo ante la agresividad rusa en Crimea. Noruega, Dinamarca y Finlandia, la créme de la créme socialdemócrata, ya lo tienen. Gastando todos ellos en defensa más de lo que la OTAN recomienda.

Personalmente, lamenté la abolición de la «mili» por la cohesión que daba a la nación española. Aparte de reunir a jóvenes de las más distintas regiones en régimen comunitario, mostraba a muchos la variedad de nuestro Estado y enseñaba a bastantes un oficio que les serviría en el resto de sus vidas. Cuando no se traían una esposa a su lugar de nacimiento o se casaban donde servían. Comprendo la razón práctica de que la guerra actual es muy distinta a las pasadas. Requiere profesionales que sepan manejar las nuevas armas, complejísimas todas ellas, algo que no se aprende en un periodo corto de instrucción. Pero los suizos tienen un servicio militar casi de por vida, con el fusil en casa. Quiero decir que ambas cosas pueden mezclarse, cuando hay voluntad de hacerlo y el patriotismo no es un deber, sino un derecho.

Que la izquierda actual no lo entiende lo muestra el e-mail que Pedro Sánchez envió a Trump: «La mejor forma de evitar la guerra es no declararla». Cuando la cita de Vegecio es «Si vis pacem, para bellum»: «Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Lo contrario que hacen Iglesias, Sánchez y compañía.

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