Manuela Carmena durante una entrevista MATÍAS NIETO KOENIG
Editorial ABC

Miguel Ángel Blanco no es política

Carmena no solo demuestra una alarmante falta de sensibilidad, sino también la absurda politización de un símbolo de todas las víctimas

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La negativa de la alcaldesa de Madrid, Manuel Carmena, a colocar estos días en el Ayuntamiento una pancarta recordatoria de Miguel Ángel Blanco no solo demuestra una falta de sensibilidad alarmante, sino también la absurda politización de un auténtico símbolo para todas las víctimas del terrorismo, y para todos los españoles de bien. Carmena ha incurrido en un grave error, y probablemente no haya medido bien el desprecio que supone utilizar la balconada del Ayuntamiento para todo tipo de gestos humanitarios, o de respeto a creencias y valores, incluso el peregrino apoyo al «indigenismo» el 12 de octubre, y no hacerlo precisamente con quien hace veinte años encarnó una auténtica rebelión de todos los partidos contra el miedo a ETA. Por la crueldad de aquel crimen, por el despertar que causó en la sociedad vasca de la época, y por la mecha de solidaridad que prendió en todas las ciudades españolas, Podemos incurre hoy en una torpeza inédita. Su argumento de no personificar este tipo de homenajes en unas víctimas concretas, para que otras no se sientan menoscabadas, es insuficiente y cae por su propio peso. En numerosas calles y plazas de Madrid hay placas conmemorativas de personas asesinadas por ETA en esos mismos lugares, y representan un homenaje permanente y eterno de todos los madrileños. Al contrario de lo que argumenta Carmena, el pueblo de Madrid sí rinde a diario tributo a víctimas concretas de ETA, y así debe seguir siendo. ¿Por qué no en el caso de Blanco, que erigió en torno a su figura el «espíritu de Ermua», y un desgarro emocional basado en un «¡basta ya!» colectivo y horrorizado por los atroces crímenes etarras? Blanco representó el principio del fin de ETA. Y Madrid, siempre ejemplar en la lucha y la solidaridad ciudadanas contra todo tipo de terrorismo, fue hace veinte años el eje de la más multitudinaria manifestación de repulsa jamás celebrada en España en democracia junto a la del 11-M.

Blanco merece mucho más que un recuerdo. Forma parte de nuestra Historia, y el Ayuntamiento de Madrid desprecia con argumentos irrisorios la organización de un acto propio impidiendo que su retrato cuelgue en Cibeles. El argumento de Carmena es falaz. No se trata de distinguir a una víctima frente a otras. Se trata de recordar a alguien por quien toda España lloró. Más aún, cuando hay concejales del Ayuntamiento de Madrid capaces de solidarizarse con criminales convictos como Alfon o Bódalo. También es incomprensible que el PSOE haya reaccionado tarde y mal, después de rechazar homenajes en algunos lugares de España. Blanco no fue solo un concejal del PP asesinado. Fue el síntoma de que nuestra democracia vivía y latía con fuerza y valentía frente a las pistolas etarras. Y eso, ni siquiera Podemos podrá cambiarlo.