¿MERECEMOS COMPAÑÍAS ASÍ?

Por Darío VALCÁRCEL/
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LAS grandes empresas son actores en la política exterior de los países, también de las formaciones mayores, de la Unión Europea. Por eso abordamos este asunto, no fácil, en una columna habitualmente dedicada a la política exterior. España tiene algunas empresas multinacionales: dos grandes bancos, tres grandes eléctricas, Repsol, Cepsa, Mapfre, Gas Natural, El Corte Inglés, Agbar... Francia tiene 50, Alemania 60, pero España tiene 12 ó 15 verdaderas multinacionales. Telefónica es la primera de ellas. Acaba de hacer públicos sus resultados de 2004. El rostro y el centro de la compañía, César Alierta, la ha convertido en un gran instrumento de los intereses españoles: Alierta es lo opuesto a las relaciones públicas, un aragonés al que es difícil entender, tragador de palabras, uno de los más capaces de Europa, diez veces Thierry Breton. España necesita grupos multinacionales, locomotoras capaces de provocar la internacionalización de empresas menores.

Las grandes sociedades europeas del sector (France Télécom, Deutsche Telekom, Telecom Italia, Portugal Telecom) reciben el apoyo de sus ciudadanos, de sus sociedades civiles. Telefónica lo necesita cuando aborda un período de crecimiento exterior. La compañía ha facturado más de 30.000 millones de euros en 2004, cinco billones de antiguas pesetas. Por valor de capitalización en bolsa ocupa el tercer puesto del sector en el mundo, detrás de Verizon y Vodafone, 71.500 millones de euros. Tres datos deben subrayarse: casi la mitad de la facturación se hace fuera de España sobre todo en Brasil, México, Chile, Marruecos, Alemania, quizá mañana en la República Checa, Turquía, China... Segundo, la compañía es, hoy, sólida. Su valor en bolsa triplica con creces su deuda, 71.500 millones frente a 20.900. Tercero, el potencial de crecimiento puede duplicar en los próximos seis años los 120 millones de clientes. La solidez depende en buena parte de César Alierta y del equipo: Luis Lada, Julio Linares, Antonio Viana, José María Álvarez Pallete... un grupo capaz de eliminar amenazas de riesgo en un mundo de mortífera competencia.

España debe proteger a sus escasos grupos multinacionales. Hoy son una base de partida. Han tenido el talento de implantarse en América y en el norte de África; han sabido generar proporciones del PIB en México, en Brasil, en Chile, Argentina, Perú... El lunes Alierta explicaba a sus accionistas el proyecto de convertir la compañía, hacia 2010, en el primer grupo integrado de telecomunicaciones, con una capacidad creciente de distribución de riqueza en los países en los que opera. Hemos descrito alguna vez el potencial de esas compañías globales, motores de la innovación, dentro y fuera de España.

¿Por qué no imaginar el otro lado del espejo? Pensemos en la no existencia de Telefónica. Imaginemos que el esfuerzo de 10, 50, 80 años se diluyera. Pensemos en una Telefónica incapaz de implantarse como compañía fiable. Imaginemos que los bancos españoles no hubieran sabido cruzar las fronteras, que las compañías de punta (Indra, responsable del cómputo electrónico en elecciones americanas) no hubieran llegado a puerto. Pero no ha sido así: esas empresas son hoy una parte esencial de la presencia global de España, un país de la Unión Europea dedicado a trabajar en las grandes, muy grandes cifras. Cuando un estado como Brasil alcanza 60 millones de clientes en sus telecomunicaciones, emprende una vía de salvación. Una teoría aplicable a la banca, la electricidad, el gas, el tráfico aeroportuario... La sociedad posmoderna busca millones de pequeños clientes, verdadera fuente de estabilidad y de crecimiento.