Un «mercado de mayor importancia que el común...»

Por JULIO BRAVO
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LA primera acepción que el Diccionario de la RAE ofrece de la palabra feria (del latín feria) dice que es un «mercado de mayor importancia que el común en paraje público y días señalados». La Feria del Libro de Madrid, nadie lo duda, encaja perfectamente en esta definición. Se trata de un mercado (los libreros esperan superar los 13 millones de euros en ventas); de su importancia dan fe la presencia de Su Majestad el Rey en la inauguración y la cifra prevista de visitantes, cerca de dos millones y medio de personas; el lugar público es, naturalmente, el Retiro, y los días señalados las fechas de celebración, entre ayer y el 16 de junio.

Los responsables del certamen han querido también acercarlo a la segunda acepción del diccionario: «Fiestas que se celebran con tal ocasión», y han llenado la edición de este año de actividades paralelas: mesas redondas, tertulias literarias, conferencias, representaciones teatrales y presentaciones de libros. La tercera acepción («paraje público en que están expuestos los animales, géneros o cosas para su venta») tiene en las casetas (este año son trescientas ochenta y cinco, nueve menos que en la pasada edición) su mejor referencia, aunque lo de expuestos pueda también aplicarse a los autores, que un año más tendrán que aguantar estoicamente el carrusel de curiosos y cazaautógrafos (más numeroso si quien firma sale por televisión, mucho menor si resulta que sólo se dedica a la literatura), entre los que de cuando en cuando hay un lector, y para quienes hay que buscar siempre una frase de cierto ingenio y originalidad que no sea únicamente lo de «cordialmente», «con afecto» o «con el abrazo de...».

La cuarta acepción del diccionario dice que feria es «concurrencia de gente en un mercado de esta clase». También aquí encuentra su encaje la Feria del Libro, que en fin de semana puede ser incluso perjudicial para la salud por sobredosis humana. Abstenerse claustrofóbicos y enemigos de las multitudes como se abstienen igualmente los compradores de libros -es curioso, pero sólo el 15 por ciento de quienes acuden a la Feria salen con un libro bajo el brazo-. La sexta acepción, «conjunto de instalaciones recreativas, como carruseles, circos, casetas de tiro al blanco, etc., y de puestos de venta de dulces y de chucherías», debe de referirse, seguramente, y sin literalidad, por supuesto, a todos esos «chiringuitos» que nada tienen que ver con la literatura o la industria editorial, pero que abundan en o alrededor de la feria.

Hay ocho acepciones más, pero usted seguramente querrá irse a la feria. O a leer un libro, que no es lo mismo.