Mejores amigos

Uno de los restaurantes favoritos de Robuchon era el Nou Manolín y Joselito, su jamón

Rosa Belmonte
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No me fío de la gente a la que no le gusta comer. Que no disfruta comiendo. Tampoco de la que te discute la utilidad del bidé. Es verdad que tengo el espíritu de Carpanta y mis sueños están llenos de pollos asados, como el personaje de Escobar. Y de jamón, el mejor amigo de la mujer. ¿Quién quiere flores habiendo jamones? Y ese momento cuando empiezas uno, que es lo más parecido que tenemos aquí a la ceremonia del té. Y no es sólo la amistad del jamón, es la de la gamba roja de Denia. O la del Foie. O la de las sardinas. A Joël Robuchon le encantaba España (ya sabemos lo de las tapas y el sushi, lo de su amor por la cocina española y la japonesa, lo de su casa en Alicante, lo de su respeto, qué remedio, por la Guía Michelin y lo poco que se fiaba de la lista de los 50 mejores establecimientos de la revista Restaurant). El Nou Manolín de Alicante era uno de sus restaurantes favoritos. Por eso el grupo Gastronou y la familia Castelló (los propietarios) han dicho lo muy agradecidos que le están y lo mucho que le deben. Para José Gómez, de Joselito, la muerte del cocinero francés también ha sido una noticia triste. No sólo por ser amigos, Robouchon era el mejor embajador de Joselito fuera de España y su mejor cliente en el extranjero. Rhodes es mejor amigo de España, pero lo suyo es un chiste privado porque sólo nos enteramos nosotros, sólo es famoso en España y en la Moncloa. Menudo negocio. Robuchon, pregonando nuestra comida, era amigo eficaz, como Pat McCarran, el senador demócrata por Nevada (el aeropuerto de Las Vegas se llama McCarran por él, que también fue propulsor de la industria de la aviación). Truman había decidido aislar a España y no mandar embajador. Si en 1950 Truman envió un embajador a Madrid y se empezó a negociar la instalación de bases fue gracias al anticomunista y católico McCarran, que se había reunido en Madrid con Franco en 1949 y había peleado en el Senado estadounidense el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas, las ayudas y las bases. Le llegaron a llamar «el senador por Madrid».

A Steven Seagal también le debe gustar comer teniendo en cuenta cómo se ha puesto. Le calculo la talla de Maduro pero suele ir disfrazado de Fu Manchú. Como no es una mujer con burka supongo que se puede una reír de él. La que le ha caído a Boris Johnson por decir que las mujeres con burka parecen buzones de correos o ladrones de bancos. Que es islamofobia, vaya. Si fueran gordas como Seagal podríamos decir que parecen mesas de camilla. Una cosa española, como el jamón y el botijo (Quim Torra no sabe beber en botijo, ¿y piensa proclamar la independencia?).

El actor (o lo que sea) serbo-ruso-estadounidense-difícil de matar tiene la nacionalidad rusa desde 2016 y ha sido designado por el Kremlin enviado especial para las relaciones culturales con Estados Unidos. Y había quien se reía de Màxim Huerta como ministro de Cultura. Desde luego, Pedro Sánchez no tiene la gracia de Putin a la hora de nombrar embajadores, a él le basta con colocar a la anodina ejecutiva del PSOE. No sé si me gusta más lo de Seagal, la amistad de Dennis Rodman con Corea del Norte o Beyoncé en la portada de Vogue con las flores en la cabeza imitando a Carolina Marín.

«Probablemente la cosa más misteriosa del mundo, hasta que no se rompe, es un huevo», escribió Mary Frances Kennedy Fisher, la precursora del llamado food writing (ahora, con los foodies, los tontolhabis y los comedores de quinoa da como vergüenza usar esa expresión). Misterioso o no, el huevo también es el mejor amigo de una chica.

Rosa BelmonteRosa BelmonteArticulista de OpiniónRosa Belmonte