A masturbarse tocan

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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DEBERÍA de hablarles de los presupuestos y de la financiación autonómica, pero ¿qué voy a decir de unos presupuestos que hasta quienes los apoyan los critican -el PNV- y de una financiación que privilegia a los ricos en detrimento de los pobres? Así que voy a hablarles de esa disposición de la Junta de Extremadura para enseñar a los jóvenes extremeños a masturbarse. No por afán humorístico o pornográfico, sino como reflejo de nuestro flamante socialismo.

Rodríguez Ibarra quería que todos los niños extremeños se convirtieran en informáticos. Su sucesor se contenta con que manejen sus dedos para darse gusto a sí mismos, que es una actividad bastante más placentera y mucho más barata. Productiva ya es otra cosa, pero no sólo de productividad vive el hombre, nos contestará el señor Fernández Vara con toda razón.

No crean que está solo en esta interpretación de la política. Se limita a seguir la línea de toda la izquierda europea durante las últimas décadas. Desplomado el muro de Berlín, desmoronada la Unión Soviética y enviado al trastero el mito de la revolución, ¿qué le queda a la izquierda? Viene intentándolo todo, sin conseguir nada. La «tercera vía» fueron unos bonitos fuegos artificiales que duraron lo que duraron. La vuelta al socialismo militante ha terminado en rotundos fracasos electorales en Alemania y Francia. La alianza con los Verdes, en viaje a ninguna parte, y el abrazo con los ex comunistas, en receta para el suicidio. Así que la izquierda se ha refugiado en la llamada «revolución cultural», que tiene de revolución lo que un «yuppie» tiene de revolucionario, y de cultural, lo que un «hippy» tiene de erudito. La revolución cultural no ha sido más que el epílogo de la revolución burguesa, la traca final de la misma, manteniendo su estructura económica, pero ofreciendo barra libre en materia de costumbres, es decir, saltándose todos los convencionalismos que venían sirviendo de freno a la sociedad burguesa. No trajo la nacionalización de la banca, de las empresas, ni de los latifundios; al revés, privatizó muchas empresas estatales, lo que desde un punto de vista marxista es más antirrevolucionario que revolucionario. Trajo, en cambio, el divorcio exprés, el aborto a la carta, los matrimonios homosexuales y cosas por el estilo, mucho más relacionadas con el individuo en particular que con la sociedad en su conjunto, que supuestamente es la primera preocupación del socialismo.

Eso ocurrió hace 40 años en el mundo y, algo después, en España. Zapatero quiere darnos ahora otra ración de ello, a falta de otra cosa que ofrecernos: más abortos, más divorcios, más píldoras anticonceptivas, mezclado con la «memoria histórica», condimento antifranquista de todas sus salsas, a modo de bálsamo de Fierabrás. Fernández Vara le añade la asignatura de la masturbación. Eso si es elevar el nivel educativo.