Una raya en el agua

Massada

Madrid ha vuelto a funcionar como la ciudadela sagrada de la derecha, su último bastión simbólico de resistencia

Ignacio Camacho
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Por un guiño sarcástico de la Historia -ya saben, aquello de la farsa y la tragedia-, el Madrid del «no pasarán» de la guerra, la «tumba del fascismo», la corte que la barbarie miliciana trocó en cheka, ha acabado por convertirse durante la democracia en la ciudadela sagrada y esencialista de la derecha. El liberal-conservadurismo español ha convertido la capital y su región en su Massada, en su última fortaleza. El bastión aguantó la hegemonía zapaterista como contramodelo, imprimiendo a su desarrollo económico una velocidad de crucero que adelantó a Barcelona y creó una próspera isla fiscal a base de rebajas de impuestos, aunque la experiencia ofreciese el tenebroso reverso de unas listas de candidatos que solían acabar transformadas en

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