Luz, más luz

Por César ALONSO DE LOS RÍOS
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El fracaso de la fusión de Endesa e Iberdrola está resultando humillante para los analistas económicos y políticos. Todos tienen la honradez de reconocer que su explicación es insuficiente. A todos les quedan cabos sueltos. No hay forma de salvar con coherencia todas las contradicciones.

Sucesos como éste deberían rebajar nuestra seguridad. Por lo menos nuestra petulancia. Para escapar a sus propios sentimientos de perplejidad, impropios de los que, por oficio, tienen que ofrecer salidas para todo, los analistas se los han transferido a Oriol, Martín Villa, Rato y Aznar. Dicen que se han quedado alelados, coloquialmente, idiotas. Es posible, pero como digo no es mejor el estado en que hemos quedado los observadores, y no sólo los legos. La oposición, encantada, habla del «papelón» del Gobierno cuando estaba ya dispuesta a criticar una fusión en el mejor estilo de la «derecha».

Hay que reconocer que resulta fascinante tanta desinformación y tanto desconcierto. Ni siquiera hay motivos para hablar de opacidad subjetiva como podemos deducir de las siguientes cuestiones que nos plantea el caso:

1. ¿Realmente ha actuado el Gobierno con una imparcialidad tan exquisita, como dice el propio Rato?

2. En el caso de que haya sido así, ¿cómo echarle en cara una actuación que se atiene a la ortodoxia liberal en la que cree? ¿O lo ortodoxo habría sido la actuación de las dos compañías sin restricción alguna?

3. ¿Es correcto hacer prevalecer las razones del mercado interior cuando la competencia internacional exigiría otras soluciones? Concretamente, ¿no hay otra salida sino la renuncia a una posición destacada en la producción y distribución de la energía eléctrica?

4. ¿Cómo se lanzaron a la operación Martín Villa y Oriol si conocían bien las posiciones del Gobierno?

5. ¿O pensaron acaso que los accionistas iban a aceptar el desafío de las dificultades impuestas por el Gobierno al beneficioso tran tran del que venían disfrutando? En ese caso, ¿han defraudado al Gobierno Oriol y Martín Villa por su escaso arrojo empresarial?

6. ¿Es posible que no haya existido flujo de comunicación suficiente entre el Gobierno y las direcciones de las dos compañías?

7. ¿Dónde queda la tesis de Felipe González según la cual la fusión estaba cantada porque responde al plan de Aznar de repartir las riquezas del país entre unos cuantos amigos?

8. ¿Han actuado de consuno Aznar y Rato o, como indican algunos, aquél no ha querido contravenir los designios de éste (y sus particulares intereses)?

Yo espero con ansiedad que Felipe González explique en su próxima entrega periodística en «El País» las razones por las que ha fracasado una fusión que daba por hecha. Será apasionante conocer la explicación científica de por qué no ha prosperado la tesis del reparto de la riqueza nacional entre una panda de amigotes (como en el caso de Telefónica y del compañero de pupitre).

A la vista de la incapacidad de los especialistas, yo creo que habría que aproximarse a la explicación de una forma «confiada» en el sentido de que no hay que suponer intenciones ocultas cuando no hay pruebas de ello. Entonces hay que convenir que el Gobierno ha podido apostar por el juego limpio y por la autonomía de los actores económicos y que, en virtud de eso, ha optado por la imparcialidad, se ha atenido a las condiciones impuestas por las instituciones «ad hoc» (aunque un tanto edulcoradas) y ha esperado —esto sí— un cierto coraje de los empresarios (digno de lo que podría costarle a él el triunfo de la operación).

Si esto no ha sido así, si ha sido una idea exclusiva de Rato, no compartida con el presidente, lo pagará en su carrera hacia la sucesión.