Manirrotos en apuros

EDURNE URIARTE
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Nuestro Emilio Pérez Touriño tiene un alter ego en Wall Street. Otro manirroto con aficiones lujosas al que han pillado con las manos en la masa. En la masa del despacho multimillonario. Al de Wall Street, John Thain, antiguo consejero delegado de Merrill Lynch y ejecutivo del Bank of America le han puesto de patitas en la calle unas horas después de que una cadena de televisión revelara que se gastó un millón y pico de dólares en redecorar su despacho. Con caprichos parecidos a los del gallego, sillas a 85.000 dólares, alfombra a 66.000, papelera a 1.400 y alguna que otra gillipollez. A lo que hay que añadir más de 200.000 dólares en un chófer.

En EE.UU. le han puesto a escurrir por derrochador. Si bien no por tonto, al menos públicamente, a pesar de que este tipo con fama de ¡listísimo gestor! dedicó nada menos que 800.000 dólares del dispendio a los honorarios del decorador, del que compró las sillas. La otra parte de su historia es que, además de haber sido puesto de patitas en la calle, el manirroto americano se ha comprometido públicamente a devolver de su propio bolsillo el millón y pico de dólares. Que es la única manera de recuperar su reputación. La de austero, al menos. La de listo, lo veo más difícil.

Nuestro manirroto nacional también está en apuros, pero menos. A pesar de que se ha gastado unas siete veces más que el americano en redecorar su vida. Y que los caprichos de Thain palidecen al lado del gusto mutimillonario de Touriño, que no ha pasado por Wall Street, pero debió de ver la película y tomó buena nota de la decoración de la torre de lujo en la que Michael Douglas ejercía de amo del universo. Y además de chofer, gasta coche de 480.000 euros.

La diferencia entre los apuros de Thain y los de Touriño es que el segundo, ni ha sido despedido ni espera serlo en las próximas gallegas. Ni siquiera tiene encima la presión de la opinión pública gallega. Por lo que no tiene intención alguna de pagar de su bolsillo su momento Michael Douglas, faltaría más, ni piensa molestarse en dar una sola explicación. Así de degradada está nuestra moral pública.