El malestar francés

Los «chalecos amarillos» señalan un problema, no las soluciones

Luis Ventoso
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Amancio Ortega, el único varón sin pajarita, arquearía una ceja en su mente contemplando el alarde de la boda de su hija Marta. Fuegos ornamentales, comida de laboratorio Adrià, tropel de famosos, tonadas a cargo de Nora Jones, Jamie Cullen y el jefe de Coldplay. Ortega, hijo de un ferroviario, mozo de tienda en su adolescencia, resultó un genio de lo suyo y se convirtió en una de las cinco personas más ricas del planeta. Pero sigue mirando de reojo a sus orígenes, de ahí su apego a la discreción. Su hija Marta creció ya en otra escuela y ambientes. Tiene sus virtudes, pero es casi imposible que repita la cultura del esfuerzo de su padre y su alergia a

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