Magia Borrás

Lo de Laura Borrás ha sido un truco barato para distraernos del pacto de Sánchez con los presos

Alberto García Reyes
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En la caja de Borrás que le pedí a los Reyes de pequeño vienen 200 trucos. Los juntó un señor de Calella que había fundado en Mataró la empresa de juguetes que a comienzos de los ochenta distribuyó en España el Monopoly de Parker. Alegoría de una codicia que sólo tiene sentido en la mente de un ocultista. Aquella casa juguetera unió hace décadas, tal vez en un vaticinio de brujería, las dos derramas del actual delirio independentista catalán: el ilusionismo y los falsos títulos de propiedad. Y dada la tendencia al espiritismo que ha tomado el movimiento golpista, que utiliza médiums del fugitivo Puigdemont en el reino de España para alargar su fantasía, tiene que ser cuestión de nigromancia

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