Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela - ABC
EDITORIAL

Maduro juega con fuego con Colombia

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La credibilidad de Nicolás Maduro es tan endeble que todo lo que diga sobre los extraños sucesos del pasado día 4 hay que ponerlo en cuarentena. Sobre todo porque ha sido tan irresponsable como para acusar a la vecina Colombia de haber instigado activamente un supuesto atentado terrorista, lo que pone en peligro la paz y la estabilidad en la región. Todo lo que se sabe sobre lo ocurrido es confuso y poco coherente, lo que no significa que se pueda justificar un intento de asesinato si es eso lo que de verdad sucedió. El problema es que resulta difícil de creer teniendo en cuenta las versiones atropelladas del régimen y del propio Maduro, que apenas horas después de las explosiones llegó a decir que los autores ya habían sido identificados, detenidos y «procesados» y aún ahora no se conocen sus nombres a pesar de que según el relato oficial ya se está señalando a los «autores intelectuales», un concepto que bajo el prisma de un régimen como el chavista puede incluir a todo el que no comulgue con sus estrafalarias ideas.

Y si hay que buscar un beneficiario del incidente, este es el propio Maduro que se enfrenta al inminente colapso de la economía venezolana. Su enésimo intento de reconducir la situación a base de piruetas cosméticas, como reducir dos, tres o cuatro ceros a los billetes, no hace más que añadir confusión e incertidumbre, porque está demostrando que ni siquiera es capaz de imprimir nuevo papel moneda. Aprovecha el atentado para dispersar la atención durante unos días y no reconocer que ha perdido el control de la economía y que a pesar de ello se empeña en seguir aferrado al poder, enemistándose además con su vecino colombiano. Uno y otro suponen la cara y la cruz de la suerte que puede correr un país. No hace falta señalar qué lado de la moneda es el de los desdichados venezolanos.