De Llarena a Kosovo, de brazos cruzados

La inacción del Gobierno en todo lo referente a los desmanes, políticos u operativos, de la banda del lazo, a ese intento de imposición del pensamiento único en Cataluña para acorralar a los no afines, tiene que ver seguramente con el peaje que debe pagar Sánchez por haberle despejado el camino a La Moncloa

Álvaro Martínez
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Esperar que Dolores Delgado hiciese un comunicado oficial condenando el ataque a la vivienda del juez Pablo Llarena era tan difícil e ilusorio como va siendo ya encontrar un ministro de Sánchez que no haya creado una sociedad mercantil para aliviar su esfuerzo fiscal, ese que luego depara hospital y escuela a los españoles. La página oficial del Ministerio de Justicia abría ayer informando de una reunión de la ministra con los médicos forenses. Ni media palabra, ni al menos un «me parece mal», emitió ayer Delgado sobre el «raid» de un CDR, de esos a los que Torra ordenó «apretar», contra la casa del magistrado que instruye la causa contra los golpistas. Naturalmente, ni una detención, pese a que

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