Ladrillazo socialista

«¡Basta ya!», «Vamos a acabar con la corrupción urbanística creada por la ley

EDURNE URIARTE
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«¡Basta ya!», «Vamos a acabar con la corrupción urbanística creada por la ley del suelo del PP», «No al «Todo Vale» de la política del ladrillo del PP» mitineaba Zapatero hace escasos meses, cuando aún estaba en aquello de asociar la corrupción urbanística con la derecha. Lo que demuestra que mentar la corrupción del adversario es una de las formas más seguras de hacer el ridículo. Y el cínico, dado que la Junta de Andalucía y los socialistas andaluces sabían muy bien lo que se cocía en Estepona.

Insistiendo en el ridículo, Álvaro Cuesta expresó ayer su deseo de que el PP actuara con la misma determinación que el PSOE contra la corrupción. En otras palabras, que mirara hacia otro lado, y sólo si la Policía descubría la porquería, expulsara fulminantemente a los implicados. Igual que ellos en Estepona. E igual que todos los partidos en todas partes. Su actitud, su ley del silencio, es la primera causa de la persistencia de la corrupción. De que los negocios corruptos sean irresistiblemente tentadores y notablemente seguros también en los países democráticos.

Si la corrupción llama a tu puerta, las circunstancias te animarán a abrirla. Tu partido no moverá un dedo mientras la Policía no te descubra. Y con sus pobres medios, será altamente improbable que lo consiga. No obstante, y si lo hace, los jueces jamás serán capaces de encontrar el dinero escondido. Lo disfrutarás tras una suave pena de cárcel. Y lavarás tu honor con una historia que bajo el título «Por qué fui víctima del sistema» ocupará el «prime time» de cualquier televisión.

Creo que ese panorama es el que explica la fatal resignación ante la corrupción mostrada por la opinión pública de todas las democracias, no sólo la de España. Lo que sorprende de los datos del Barómetro Global de la Corrupción (2007) de Transparencia Internacional es que la percepción de la existencia de corrupción sea casi igual de negativa en los países más desarrollados que en los menos. E igual de pesimista: más del 50% de ciudadanos en todos los continentes (menos África) piensan que la corrupción aumentará. Y decíamos que la democracia podría con ella.