Labordeta

Por César ALONSO DE LOS RÍOS
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Una canción, una sociedad frustrada, el calor de la identidad. Todo responde al mismo guión. Psicología de masas y... nacionalismo. Labordeta canta su propia canción y le siguen Iglesias y Belloch, las gargantas hinchadas, atolondradas las mentes. La Chunta hace de fermento en la masa socialista, supuestamente socialista o, quizá, absolutamente socialista.

Cuando Labordeta llegó al Congreso, el mundo periodístico madrileño lo celebró, quizá por el pintoresquismo del personaje —un cantante— y por la necesidad de creer en el «buen nacionalista». Se consideraba inocuo el localismo de la Chunta sin tener en cuenta, una vez más, que aquí o el patriotismo regionalista va unido a la idea de España como nación o termina por revolverse en contra de ésta y del Estado autonómico. Labordeta se niega a verse a sí mismo y a su partido interpretados de esta manera, pero la verdad es que las consecuencias de su actitud son muy claras. Ha tenido que surgir el problema del agua para que se hayan manifestado las aspiraciones identitarias y comiencen a aflorar las tensiones con otras regiones. La oposición a un Plan creador de riqueza «nacional» y vertebrador en la medida que la solidaridad interregional viene a corregir desigualdades «naturales» demuestra que se prefiere el rendimiento «político» a escala regional por encima del bien común.

Se celebró la llegada de Labordeta al Congreso pensando que se trataba de una figura inocua. En realidad se ha convertido en el portavoz de la izquierda aragonesa, con la ventaja de no tener que atenerse a la disciplina de partido. Ahora no tiene votos pero los tendrá. El PSOE mermará en favor de la Chunta y seguirá cayendo en Valencia, en Murcia y en Almería. Así de modo fatal los socialistas se van echando en manos de las minorías taifas, esto es, de las soluciones irracionales, insolidarias, de las ilusiones antropológicas y folclóricas frente a las propuestas ilustradas del PP. La izquierda regresa a la caverna, a la tribu, a los taifas y, de paso, lleva al desastre a España.

¿Quién hubiera podido pensar hace poco tiempo que Aragón iba a contribuir al proceso desintegrador de la nación? Más bien se tenía a esta región como un valladar frente a los nacionalismos precisamente por la humillación a la que aquéllos le venían sometiendo, pero la psicología de masas es tan complicada en este campo que los ofendidos han querido igualarse a los ofensores de tal modo que, hoy en día, se está produciendo en Aragón una mimesis de los movimientos nacionalistas catalán y vasco. Se viene a demostrar que muchos aragoneses —a la izquierda— estaban fascinados por aquéllos. Ellos no necesitaban hacerse las víctimas. Ya lo eran. El proceso del nacionalismo aragonés está en sus comienzos. No tiene por qué progresar de modo fatal pero tampoco cabe confiarse estúpidamente. El hecho es que el huevo está ahí.

Qué extraño todo esto para aquel otro Labordeta —Miguel— familiar de éste y tan distinto que nos dejó dichas cosas que tienen poco que ver con éstas que ahora oímos:

Somos todos hijos del sol y del misterio.

Una misma mujer humana

cantó sus dulces canciones nocturnas

creyendo ver al borde de nuestros tiernos vientres

un signo por encima de alfabetos y razas.

Yo os digo que estéis despiertos...

pues podemos ver caer

la ceniza de corazones podridos

lloviendo sobre las grandes ciudades

destruidas huérfanas de un entero designio.

En el «Mensaje de amor de Valdemar Gris» nos habló el otro Labordeta acerca de un destino común, de la conciencia amorosa de la Tierra frente al odio y a «las vanas disputas de los viejos». Conviene hoy recordarlo.