Klaus ha firmado, pero...

DARÍO VALCÁRCEL
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EL presidente Václav Klaus ha firmado. La sentencia del Tribunal Constitucional checo se ha tomado por unanimidad. Los conservadores británicos renuncian al referéndum. Acostumbrados a que todo vaya mal, son dos noticias...

Desde el primero de enero, corresponderá a España conducir la aplicación del tratado de Lisboa, al menos en su primer tramo. Hay en el segundo nivel un presidente de la Comisión, el portugués Durao Barroso; y un presidente del Parlamento Europeo, el polaco Jerzy Buzek. Hay que nombrar, por tanto, a los dos primeros responsables: el presidente del Consejo Europeo y el alto representante (ministro) para Asuntos Exteriores y Seguridad. Ambos serán elegidos por los miembros del Consejo. Pensar en quién pueda ser nombrado no es jugar a las quinielas.

Es una lástima, dicho sea desde estas páginas, que Felipe González insista en no competir. Siempre cabe una reconsideración final. González sería sin duda el mejor de los posibles. A los 67 años tiene gran fuerza y malísima intención, lo que es una garantía. En su defecto, Martti Ahtisaari, antiguo presidente de Finlandia, sería un buen candidato. Ha dirigido una sociedad nórdica, ejemplo de civilización. Ha ganado el premio Nobel de la Paz y, por encima de eso, es un líder temido. Temido por Rusia, que hizo tablas con Finlandia hace 70 años. Ahtisaari haría buena pareja con Elizabeth Guigou, francesa, nacida en Marrakech, ex ministra de Justicia. Enarca, socialdemócrata, del equipo de Jacques Delors, ajena a Nicolas Sarkozy. El dúo Ahtisaari-Guigou metería mucho gas en la renacida Unión. Ambos tiene edades razonables, 73 y 63 años, en una Europa que rebasa tantas veces los 90.

Otras posibilidades: se dice que Merkel y Sarkozy apoyarían al primer ministro belga, Herman Van Rompuy, pero es impensable (a no ser que se trate de debilitar a la Unión). Una candidatura viene de las islas, de Irlanda, Mary Robinson, 65 años; y Reino Unido, David Miliband, 44, hoy secretario del Foreign Office. Difícil que dos insulares, ambos laboristas, se impongan. Lástima, es gente honrada y de ideas muy claras. Tony Blair parece descartado: el respaldo a Bush en Irak, el nulo esfuerzo por inclinar a su país hacia el euro y alguna comparecencia en El Escorial, no han trabajado a su favor. Dos figuras alemanas podrían aspirar a Exterior/Seguridad, ambos con el respaldo silencioso de la canciller: Merkel prefiere a un alemán aunque no sea de su cuerda antes que a alguien díscolo con su mismo carnet. Joshcka Fischer y Frank-Walter Steinmeier, el primero, verde, el segundo, jefe de la diplomacia alemana hasta poco más de un mes, además de candidato socialdemócrata. Dos tipos en los que su prodigiosa inteligencia pasa por debajo de su capacidad de trabajo. Dos verdaderas mulas. Y no olvidemos a un corredor por la banda, el canciller de Oxford, europeísta acérrimo, conservador, Chris Patten, primero en desahuciar a Blair.

No hacemos vaticinios. Si estuviéramos ante la garita de apuestas, jugaríamos doble contra sencillo por el dúo con mayor experiencia, continentalidad (frente a insularidad), Ahtisaari-Guigou. Después por Ahtisaari-Miliband. Aunque el soñado motor de Europa sería González-Fischer, un socialdemócrata de vuelta de muchas cosas, no de todas, y un verde más que probado. Jean-Claude Juncker, democristiano sin país; Fredrick Reinfeldt, conservador sueco; o el italiano Massimo d´Alema, parecen fuera de la competición.

El embarrancamiento de la Unión ha durado siete años. El septenado ha coincidido con la anterior presidencia americana, cuando se enviaba a Múnich a ese hombre sutil, finísimo cerebro, de inabarcable cultura, Donald Rumsfeld, creador de la antinomia Vieja Europa-Nueva Europa, tan original. Pero son los europeos, no los americanos, chinos, árabes o rusos, los culpables del actual estado de la Unión. Los padres de sus triunfos y sus fracasos.