Khashoggi, el caleidoscopio

¿Por qué matar a Khashoggi, que no parecía una amenaza extraordinaria contra la monarquía saudí? ¿No era más molesto que peligroso? En cualquier caso, es más peligroso muerto que vivo

Guy Sorman
Actualizado:

Es imposible no exaltarse por la desaparición de Jamal Khashoggi, ocurrida en Estambul el pasado 2 de octubre. Pero no sabemos por qué faceta abordarla, ya que es muy compleja y ofrece muchas lecciones. Empecemos por la torpeza de los asesinos: han acumulado tantos errores que nos parece asistir a una película fracasada. Pero estos errores son indicativos del régimen político que los envió a Estambul. Los dictadores, que no escuchan a nadie, son los más propensos a cometer errores: en 1804 Napoleón mandó secuestrar en Alemania al duque de Enghien al sospechar, equivocadamente, que conspiraba contra él. El secuestro despertó la indignación de los tribunales europeos, y Talleyrand, ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón, le dijo: «Señor, más que

Guy SormanGuy SormanArticulista de OpiniónGuy Sorman