Keynes no es para pobres

ALBERTO SOTILLO
Actualizado:

Sólo los países ricos se pueden permitir el lujo de practicar una política económica keynesiana de izquierdas. Lo que, dicho así, recuerda aquello de Chesterton (el intelectual más citado en ABC) que aseguraba que sólo a las personas de buena familia se les ocurre inventar revoluciones.

Pero a lo que vamos: lo de que sólo los ricos pueden ser keynesianos lo demuestra el distinto baremo aplicado a las grandes potencias y a los países de medio pelo a la hora de juzgar sus excesos en el gasto en tiempos de crisis. A Grecia, con un déficit del 12,7 la han enviado al infierno. A España, con un 11,4, la han motejado de monstruoso peligro para el euro. EE.UU., en cambio, con un desequilibrio presupuestario del 10,6 no es que nadie le tosa, sino que aun tiene a ínclitos gurús que le alientan a seguir dando a la manivela del gasto. Y Francia, con un déficit del 8,2, parece que jamás hubiese roto un plato. Con gran sentido común, a España, Grecia y Portugal se les conmina a reducir el déficit al 3% en tres años.

A Obama, en cambio, el eminente Paul Krugman le anima a no tener ningún miedo a seguir aumentando su desequilibrio fiscal y su rampante deuda en el siguiente trienio. El mismo Krugman que hace un año reprochaba a Zapatero por no ser más pródigo en el gasto para salir de la crisis y que ahora pregona que España es la principal amenaza para el euro.

EE.UU. puede seguir abultando su déficit y acumular una deuda nacional cercana al 100 por ciento de su PIB. Entre otros motivos porque China ya se encarga de comprar buena parte de su deuda. China, ese pobre país que inventó la dictadura comunista del capitalismo para que a ninguno de sus administradores se les ocurra aplicar una política de izquierdas.

Debemos aprender la lección: los países humildes no pueden aplicarse en tiempos de crisis los lujos keynesianos que se permiten los grandes y poderosos. O nos crujirán.