Justicia retráctil

Las dudas del Supremo sobre sus propios criterios introducen un factor inquietante de desconfianza y desasosiego

Ignacio Camacho
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Sólo faltaba el Supremo. En la sorprendente carrera de autodeslegitimación de las instituciones españolas, que encabezaba de largo el Gobierno, parecía impensable que la justicia se apresurase a tomar el relevo. Y lo ha hecho al máximo nivel, en el tribunal de mayor respeto y en un asunto de enorme sensibilidad social que afecta a la vida cotidiana del pueblo. El sainete hipotecario representa una suerte de harakiri judicial en el peor momento, un sorprendente suicidio reputacional colectivo que ha dejado a todo el mundo perplejo. El caos jurídico, la falta de certezas doctrinales, son dinamita para los cimientos de un sistema que muchos agentes políticos llevan tiempo socavando por dentro. Lo último que necesitaba el país era este descalzaperros,

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