El juego de la bandera

FÉLIX MADERO
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HEMOS dado por bueno que a político puede llegar cualquiera, que quien viva del presupuesto no incordie y cree problemas. Ocurre que los que mandan desarrollan autoridad y destreza para complicarnos la vida. Veamos: el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, se ha parado en el peor tiempo posible, el del perdedor. Desde esa visión se dedica a organizar excursiones al monte Gorbea porque antes unos militares colocaron una bandera española. Olvidémonos de que la ikurriña es la bandera del PNV, y que la hizo bandera de la patria vasca, que es una forma de confundir lo público con lo privado. O no lo olvidemos, mejor, repararemos en el disparate de la bandera que tan entretenido tiene a Urkullu. Cuando sólo queda eso no hay otra cosa que sentimientos. Y con eso no se gobierna, ni se hace oposición, ni se puede trabajar. Y menos ganar.

El despiste le lleva a decir tonterías como que el País Vasco no es Perejil. Y miren ustedes, con la ley en la mano, es lo mismo. Son territorios de España, como lo son Madrid, Sevilla o La Puebla de Almoradiel, que está en Toledo. En esto gasta el tiempo, en lo innecesario, en lo evidente, y no precisa de explicación. Otra cosa es que entre sus huestes haya quien tire de bandera, llene la hortera con una tortilla española -¿perdón?- y se vaya de excursión. En este mundo de disparates, en el que acaso el mayor sea dar marchamo de democrático a una parte del nacionalismo que no lo es, lo excepcional es que el PNV convocara una marcha en contra del terrorismo de ETA. Estaría bien el flamear de ikurriñas para una causa como esa. Y ya ven, es tan imposible como necesario.

Deje Perejil en paz, que de sobra sabe que hace trampas con la comparación. Díganos, Urkullu, qué le parece la detención del aparato militar (?) de ETA en Francia que ayer conocimos. Diga qué piensa del jefe de este grupo, Asier Borrero. Diga qué va a hacer para recuperar el poder, qué para contener a aquellos de los suyos que piden lógica y modernidad a un partido que todavía se desenvuelve entre el mito y la leyenda.

Ahora la bandera entretiene a unos cuantos. Hoy lunes vuelvo al Eclesiastés: Stultorum infinitus est numerus, el número de los tontos es infinito. Lo dice la Biblia.

PD. En el momento de enviar esta colaboración a ABC salta la noticia: Zapatero asegura que prorrogar Garoña fue decisión autónoma y al margen de grupos económicos. Les remito de nuevo al Eclesiastés. Y les recuerdo otra vez que es la Biblia quien lo dice. ¡Por favor, no disparen contra el pianista!