Agentes de Policía francesa y española realizan controles de seguridad este lunes en el paso fronterizo de Santiago entre ambos países
Agentes de Policía francesa y española realizan controles de seguridad este lunes en el paso fronterizo de Santiago entre ambos países - EFE
EDITORIAL ABC

El joven «ternera» contra el G-7

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La nómina oficial de los antisistema y antiglobalización está movilizada para protestar contra la cumbre del G-7, que se celebrará los días 24 a 26 de este mes en la localidad francesa de Biarritz. Con sus eslóganes habituales contra el capitalismo, los mercados, EE.UU. -siempre que lo presida un republicano- y demás fetiches del progresismo, los grupos opuestos a la cumbre han dado un salto cualitativo a su presencia pública al elegir a Egoitz Urrutikoetxea, hijo del etarra Josu Ternera, como su portavoz. Por razones que no son comprensibles, la oposición a actos multilaterales como el G-7 acaba amalgamando un panel variopinto de organizaciones ultraizquierdistas, antisistemas y separatistas. La elección de Urrutikoetxea, alienado con las tesis de ETA, demuestra que esa coalición siniestra no le hace ascos al filoterrorismo. Está formada por los mismos que no pierden ocasión para legitimar la violencia terrorista como una reacción justificada frente a ese sistema que se encarna en el G-7 y que es la fuente de todos los males de la sociedad actual. Egoitz es toda una declaración de principios del movimiento anti G-7.

Pese a que estas manifestaciones suelen representar alternativas ideológicas que acaban convirtiendo los países en eriales para la libertad, como Venezuela o Cuba, la opinión pública occidental sigue percibiéndolas con cierta complacencia. Si Urrutikoetxea fuera hijo de un dirigente de extrema derecha y miembro activo de un partido neofascista, la situación sería distinta, pese a que el sustrato antidemocrático de la oposición al G-7 es compartida con los populismos ultraderechistas europeos. No se trata de cuestionar las libertades de expresión de los opositores al G-7, pero sí de constatar que sus motivaciones representan un modelo intervencionista que ya se ha acreditado en muchas historias de pobreza generalizada y falta de libertades.