El exministro José Pedro Pérez-Llorca, uno de los siete padres de la Constitución
El exministro José Pedro Pérez-Llorca, uno de los siete padres de la Constitución - EFE

José Pedro Pérez-Llorca, padre de la Constitución, padre de todos

Su preocupación por el derecho y su pasión por el arte le hicieron seguir muy presente en la vida pública

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El 6 de julio de 2016 tuve el honor de imponer a José Pedro Pérez-Llorca la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la más alta distinción que tenemos en España para quienes se dedican al Derecho. En el caso de José Pedro, se convertía en obligación la concesión de la Gran Cruz, ya que mencionar su nombre es hablar de nuestra Carta Magna, de la salvaguarda de los derechos y libertades de todos los españoles.

En aquellos días, preparando mi intervención pude leer algunos de los Diarios de Sesiones de la época, de la que entonces se llamaba «Comisión de Asuntos Constitucionales y de Libertades Públicas». De ellos se desprenden las cuestiones más complejas que hubo en las discusiones y más de una anécdota que incluso consiguen arrancar una sonrisa. Pero si hay algo que se puede percibir leyendo estos Diarios, es el espíritu de la Constitución, el sentido de Estado de quienes allí estaban y su convencimiento sobre el valor que tendría el documento en el que trabajaban. En sus palabras observamos la responsabilidad con la que esos 7 hombres afrontaron el reto que la sociedad española había puesto en sus manos: dotarse de un macro de convivencia que asegurase la paz, el bienestar y el desarrollo socioeconómico de nuestra nación.

Aquellos 7 hombres fueron capaces de hacerlo y nos entregaron uno de los tesoros más preciados que como sociedad moderna, democrática y avanzada tenemos, la Constitución de 1978.

Hoy en día no se pone en cuestión el Estado de Bienestar, ni el Habeas Corpus, ni la separación de poderes. Ponemos en cuestión y volvemos al debate sobre cómo debe desarrollarse ese Estado de Bienestar o el futuro del Estado Autonómico, pero nadie duda de los derechos y libertades que hemos conseguido y que la Constitución asegurara.

Los Padres de la Constitución, viniendo de partidos y realidades muy distintas, tenían claro que la política es diálogo, que son puentes que debemos tender si queremos llegar a grandes acuerdos que sirvan a la sociedad en su conjunto.

Sin embargo ahora hemos pasado de la política del diálogo a la política de la confrontación. Dar por hecho nuestros derechos y libertades no nos está sirviendo para mejorarlos, para avanzar en ellos, sino para ponerlos en cuestión y, con ello, poner en riesgo la convivencia pacífica de la que hemos disfrutado durante años, los valores de respeto y tolerancia que encierra la Constitución.

Decía Pérez-Llorca que él no había dejado la política, sino que la política le había dejado a él. Pero no era cierto, su preocupación por el derecho y su pasión por el arte le hicieron seguir muy presente en la vida pública. Tanto es así que en 2012 fue elegido Presidente del Patronato del Museo del Prado, la institución cultural más importante de España y el baluarte de un cambio de concepción que vivimos hace ahora 200 años. Dice la Ley 46/2003, de 25 de noviembre, reguladora del Museo Nacional del Prado que «En el umbral de nuestra historia contemporánea se crea el Museo Real de Pinturas, fundación de Fernando VII, siguiendo el ejemplo revolucionario de la apertura pública de las grandes colecciones históricas europeas». Lo que hoy es un derecho, el acceso a la cultura, hace 200 años se consideraba una revolución.

José Pedro Pérez-Llorca pasó su vida consolidando los derechos y libertades de todos. Asegurando desde la vida pública y desde la actividad privada el Estado Social y Democrático de Derecho que mayor periodo de paz y prosperidad ha dado a nuestro país.

Desde la Constitución hasta el Museo del Prado, tal y como hoy lo conocemos, Pérez-Llorca nos deja un gran legado y una mayor responsabilidad: volver a hacer de la política un puente de diálogo que nos ayude a la mejora de la sociedad y a seguir avanzando en los derechos que todos disfrutamos.