Jabugo Tá Tiranga

ANTONIO BURGOS
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

A Jabugo le pasa como a Ubrique. La gente cree que la piel de Ubrique se llama así porque se le saca a este pobre animalito, el Ubrique Común Europeo. Y el Jabugo, igual. La otra tarde (vi llover) en un concurso de televisión preguntaban qué era Jabugo, si un animal, un mueble o un pueblo. Y el concursante, enteradete y parecía que culto, contestó sin pestañear que Jabugo es un animal. Se haría la misma consideración que la lógica de la piel del Ubrique: si el Jabugo Ibérico no es un animal, ¿cómo puede haber jamón de Jabugo?

Más que Burdeos, Cognac, Oporto o Rioja, Jabugo ha dejado de ser un topónimo para convertirse en sinónimo de exquisitez, de jamón excelente, de ibérico serrano de bellota, vulgo pata negra. Jabugo hace muchos años que ganó la Chámpion de los jamones españoles, superando en popularidad a Guijuelo o a Trevélez. Dicen que tuvo la culpa ese Felipe II que ahora compite con Fernando VII en los anuncios de coches. Que Arias Montano le mandaba a Felipe II los jamones de la sierra de Huelva y que en la Corte de los Austrias se puso de moda el jalufo de Jabugo, pueblo predestinado, ya que tiene nombre de jamón en aljamía morisca: jamás jamé mejor jamón que el jalufo de Jabugo. No de Cortegana, no de Cumbres Mayores, no de El Repilado ni de ningún otro lugar de la sierra, no: todos los jamones de momento son de Jabugo y después ya veremos.

Pero al Jabugo le ha pasado como al Ubrique: que lo ha crujido la crisis. El Ubrique Común Europeo cada vez da menos piel de billeteras porque los chinos las hacen tiradas de baratas, y la microeconomía del pueblo se hunde. Y lo del Jabugo Ibérico es peor. Igual que burbuja inmobiliaria, hay una burbuja del Jabugo.

-Igual, no, hombre: al ladrillo no le puedes tú meter el diente, pero no veas cómo están las lonchas de Jabugo de bien preservadas dentro de esa burbuja que dice usted...

No, eso es otra cosa: el jamón loncheado y envasado al vacío. La burbuja del jamón es peor que la del ladrillo porque los pisos no se secan aunque no se vendan, y los jamones, sí. Aunque la causa de ambas crisis tiene vidas paralelas. Los que dieron el pelotazo con las vacas gordas del ladrillo se compraron un matadero de cerdos para vender jamones con su marca, en plan Bertín, en plan Herrera. Al mundo del jamón llegó el mismo dinero del cemento que creó las ganaderías de nuevos ricos que presumían lidiando a su nombre las moruchadas nacidas de las vacas compradas en la Factoría Juan Pedro. Si habías dado el pelotazo con el ladrillo, tenías que comprarte una ganadería brava en Jerez, una bodega en Elciego para embotellar rioja con tu nombre y un matadero en Jabugo para vender tus jamones. Llegó a haber casi más mataderos de cerdos que cerdos. Pero en esto llegó la crisis, llegó la seca del encinar y llegó la saturación del mercado. Y la batalla de los precios. El caso es que aseguran en los almacenes hay como mínimo 4 millones de jamones,4 por vender, que no tienen salida en el mercado, porque no digo ya para jamón: no tenemos posición ni para mortadela de aceitunas.

Cuatro millones de jamones colgados (y nunca mejor dicho) son muchos jamones. Entre todos han conseguido matar al cerdo de los jamones de oro, y hay por ahí quien para hacer caja y salir del inmovilizado de pata negra anuncia loncheados de Jabugo más baratos que el de York.

Así se explica que si te apuntas a un crucero te regalan un jamón; y si te compras un coche te regalan un jamón; y por cada noche de hotel te regalan un jamón. Y hasta el rizamiento de rizo de que si compras dos jamones te regalan un jamón. En la burbuja del Jabugo hay jamones para dar y regalar, porque este año además vendrán poquísimos en las raquíticas cestas de Navidad. Ni paletillas. A todo el sector se le puede aplicar lo que el mono hechicero del anuncio de Navidul dice del jamón tirado de precio: «Tá Tiranga». Pinchada su burbuja, el jamón está absolutamente tiranga. No sé cómo no le han regalado a usted un jamón por leer este artículo...