Un jabalí

En la República, media España llamaba «cavernícola» a la otra media. A aquellas Cortes había que ir con pistola

Ignacio Ruiz-Quintano
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Pablo Casado «no es un jabalí», y por eso no contestó en el Congreso a los golpistas catalanes.

Ahora que no puede uno bajar tranquilamente a la calle la basura porque entre los cubos siempre hay algún jabalí moviéndose como entre las breñas, resulta que el Congreso es territorio libre de jabalíes, que tanto amenizaron las crónicas republicanas de Fernández Flórez en ABC.

Casado, pues, no es un jabalí. Es, sencillamente, un ruido. Truena el cañón de su promesa electoral del 155 y dispara un perdigoncito. El mismo perdigoncito que cuando promete la «repristinación» del 78 en lo que monda un cangrejo (animal totémico del liberalio hispánico) en una fonda de Herrera de Pisuerga.

En la República, media España llamaba

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