Editorial ABC

La izquierda y el Ejército

Los militares alistados por Vox, como cualquier ciudadano, están en su legítimo derecho y no representan otra cosa que su propia opción personal, por lo que carece de sentido que se esté hablando de una monopolización de las Fuerzas Armadas

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La izquierda española se ha escandalizado porque Vox ha fichado a exmilitares de alto rango para encabezar algunas de sus candidaturas. Es una típica muestra de la soberbia que caracteriza a la izquierda, siempre empeñada en ejercer sobre la derecha una superioridad moral para la que, en todo caso, no tiene méritos. En el caso de Podemos, sus críticas son ridículas, después de haber fichado a José Julio Rodríguez, ex-Jefe del Estado Mayor de la Defensa, a pesar de incorporarse, sin éxito electoral alguno, y a quien andan colocando aquí y allá a ver si en algún sitio lo quieren como parlamentario. Y no estamos hablando de una formación comprometida con los valores constitucionales de la España europea, sino de un partido antiatlantista, eurófobo, antimilitar, partidario del derecho de autodeterminación y aliado de formaciones proetarras. Los militares alistados por Vox, como cualquier ciudadano, están en su legítimo derecho y no representan otra cosa que su propia opción personal, por lo que carece de sentido que se esté hablando de una monopolización de las Fuerzas Armadas, como ha sugerido la socialista Robles, ministra de Defensa. Lo que debería preocupar no es que unos militares de prestigio -con una formación profesional que haría palidecer la de muchos diputados- decidan participar en la contienda democrática, sino que en la izquierda aún pervivan prejuicios rancios contra el Ejército. Ahí quedan los sabotajes de la alcaldesa de Barcelona a la participación de la Fuerzas Armadas en el Salón de la Enseñanza. O los obstáculos del equipo de Carmena a permitir la incorporación de militares profesionales a la Policía Municipal. Esta es la misma izquierda que, por contra, se entusiasma con el militarismo de la dictadura castrista o de la tiranía chavista en lugares donde, en contra de lo que ocurre en España, no hay democracia ni rastro de libertad.