Izquierda española 2018

España sigue siendo un país de pícaros, envidiosos y cortoplacistas. Sin la gracia de los del siglo XVI

José María Carrascal
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Que a día de hoy, la voluntad, o capricho, prevalece sobre la cordura no sólo en Cataluña, sino en toda España, lo demuestra que los presupuestos presentados por el Gobierno, siendo los más progresistas de cuantos se recuerdan, encuentran el rechazo frontal, rotundo, definitivo de la entera izquierda. Quien se tome la molestia de echar una ojeada a esas cuentas del Estado para 2018, encontrará que, de punta a punta, están orientadas a favorecer a los más desvalidos, a quienes más han sufrido los efectos no ya de la última crisis económica, sino a los que vienen siendo relegados desde que nos dimos una democracia que presumía de «social»: aquellos con salarios más bajos, los que cobraban ínfimas pensiones, los jóvenes sin salida, los discriminados respecto a colectivos equiparables, los, en fin, olvidados por una sociedad que ha dado un salto cualitativo y cuantitativo tal que «no la conoce ni la madre que la parió», para usar una de las frases gráficas de Alfonso Guerra. Pero tampoco ellos llegaron a centrar el presupuesto en esa última franja social cuando gobernaron, aunque algo hicieron. No, desde luego, Zapatero, que se contentó con el más vacuo de los progresismos, el ideológico, y, al llegar las vacas flacas, congeló las pensiones. Mientras estos presupuestos suben las más bajas, como las de viudedad, ayudan a los autónomos, a los que estudian y trabajan al mismo tiempo, a las fuerzas de seguridad nacional, discriminadas frente a las autonómicas. Que Podemos diga que esas medidas esquilman a los pobres, pese a que Iglesias y Montero podrían beneficiarse de la ampliación del permiso de mater/paternidad, vale, porque siguen vivendo en el marxismo más anticuado y en el leninismo más actualizado. Pero que lo diga Pedro Sánchez, que es profesor de Economía, sólo puede atribuirse a que ha vuelto a ser el del «no es no». De los nacionalistas mejor no hablar: su único objetivo es asfixiar a España como nación y dinamitarla como Estado, sin darse cuenta de que los primeros en volar serían ellos. Que la Fiscalía alemana pida que se entregue Puigdemont a la justicia española se lo advierte. Tanto les da.

El problema del presupuesto que el ministro Montoro presentó ayer en el Congreso, con gran algarabía de la oposición, no está en su contenido, que podría haber presentado ella (y no hizo), sino que son de Rajoy. Y a Rajoy, ni agua. Soplan ya aires de elecciones, se sacan las navajas y vale todo. Las viudas, los jóvenes, los viejos, la Policía Nacional, la Guardia Civil, importan poco. Y que baje el paro y suban los afiliados a la seguridad social, menos. Es más, esas cifras les sulfuran, urge echar a Rajoy de La Moncloa. Como sea. Esa es nuestra izquierda 2018. Ciudadanos ha recogido velas e incluso se atribuye el padrinazgo de esas medidas sociales, como ahora apoya el 155, después de hacerle ascos. España sigue siendo un país de pícaros, envidiosos y cortoplacistas. Sin la gracia de los del siglo XVI.

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