De Irak a Afganistán

En el peculiar universo del islamismo radical, Irak aparece como territorio

POR ALBERTO SOTILLO
Actualizado:

En el peculiar universo del islamismo radical, Irak aparece como territorio conquistado y Afganistán como firme promesa de victoria. Mientras EE.UU. ha volcado todas sus energías en Irak, el conflicto en Afganistán no ha dejado de empeorar. De aquí que se hayan convertido en dos asuntos endiabladamente interconectados. Y que varios Estados europeos contemplen con pavor cómo la solución de Afganistán depende cada vez más de otro conflicto del que quieren huir y en el que disienten profundamente de la estrategia seguida por EE.UU.

No es un dilema simplista. No se trata de si hay que salir huyendo o no como conejos. La firmeza no tiene por qué estar reñida con la presunción de que la estrategia adoptada es equivocada. Quizás el sacrificio sea doble, porque, en aras de la solidaridad, se está pagando un alto precio en un conflicto del que se sospecha que no tendrá solución hasta que no se corrija el rumbo.

Pero tampoco hay que darse al fatalismo de que no hay más estrategia posible que la actual. Se ha dado carpetazo muy deprisa al plan Baker. Pero si algún día se presenta una nueva alternativa, se tendrán que rescatar las ideas de ese mismo plan. No hay mucho más donde elegir. Podrá llamarse plan Clinton, plan Obama o plan Giuliani, pero al fondo estará el plan Baker.

No hay mucho más donde elegir, porque de lo que se trata es de si volvemos a la vieja doctrina de la contención o si perseveramos en lo que hay. El plan Baker no propone cambios de régimen por la fuerza, sino que -con pragmatismo que algunos dicen cínico- opta por involucrar a Irán y Siria en la búsqueda de una solución. Era un plan que perfilaba una puerta de salida de Irak. Y desde luego hay un amplio margen para criticar sus consecuencias. empezando porque Irán y Siria saldrían muy reforzadas y harían pagar su colaboración. Pero a estas alturas de la historia se trata de elegir entre lo malo y lo peor. Y al menos permitiría centrar las energías en Afganistán, que es una misión que cuenta con mayor consenso y legitimidad. Y que aún no está del todo perdida.