De la indignidad al fracaso

Debe de ser frustrante haberse arrastrado tanto ante Bildu y ERC para acabar chocando con la intransigencia de Iglesias

Isabel San Sebastián
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Si Pedro Sánchez tuviese más cabeza y menos arrogancia, más sentido del Estado y menos ego, más humildad y menos ambición, el mismo jueves, fracasada la investidura, habría llamado a María Chivite para ordenarle abandonar de inmediato la pretensión de convertirse en presidenta de Navarra con el apoyo de nacionalistas y bildutarras. Acto seguido, habría utilizado esa baza como prenda de buena voluntad ante Cs y/o el PP con el fin de tratar de tejer un acuerdo entre fuerzas constitucionalistas. Eso habría sido un buen comienzo. Una prueba de madurez política amén de un acto de patriotismo. O sea, un auténtico imposible dada la naturaleza de un personaje empeñado en ser investido sin entregar nada a cambio, doblegando a sus

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