Incertidumbres alemanas

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Incertidumbre en el Gobierno, en los mercados, en los puestos de trabajo, en los escenarios artísticos, en la vida cotidiana. Ante el luctuoso panorama alemán de principios de siglo, y de fin de mandato, el canciller intentaba ayer recuperar la iniciativa política. De nuevo un entusiasta Gerhard Schröder lanzaba su campaña electoral, en su ciudad de Hannover, hablando a sus convecinos de Irak.

Se ha demorado, pero el canciller parece tener ya una idea para su campaña. «Lo haremos a la manera alemana», quiso subrayar el canciller socialdemócrata en contraste con esa otra manera apocada, tradicionalmente heredada de la deuda de amistad germano-americana, que fue hasta ahora la inexistente política exterior alemana.

Schröder desespera por marcar distancias: sabe de la pervivencia de un pacifismo alemán y presiente el proamericanismo de su rival conservador, Edmund Stoiber. Es éste un adusto bávaro que, sin embargo, le empieza a segar ya la hierba, hasta en el mismo coto privado de la popularidad, que le era tan suyo.

El «hombre de acción» que quiso ser el canciller tiene que refugiarse en otras latitudes para defender su puesto de trabajo. La «acción» es algo que impresiona en la tierra de «los pensadores y los poetas». Sería lamentable que la reforma de Alemania, incluida la tan postergada de su izquierda, se hubiera podido quedar en «Aktionismus». Para que no fuera verdad, se ha dicho, Gerhard Schröder merecería tal vez una segunda oportunidad.

Pero mientras el canciller hablaba de Irak, en Hannover regresaban las dudas sobre la pronta recuperación de la economía alemana, de la que tanto depende la europea. Se supo que el índice de confianza empresarial Ifo estima en un 50 por ciento la probabilidad de un reenfriamiento de la economía alemana. El Hypovereinsbank, uno de los tres grandes, ha rebajado la perspectiva de crecimiento en 2002, de un 1 a un 0,25 por ciento.

Los estrategas electorales del partido Socialdemócrata (SPD) insisten en una campaña con ribetes americanos, que tan buen resultado dio a Schröder para desahuciar al ajado Kohl, en 1998. Pero con un dato del paro en julio, que hoy confirmará 4.110.000 de desempleados, Schröder puede necesitar algo más que a su joven y aderezada esposa haciendo el signo de la victoria a su lado.