EDITORIAL

Un idioma que crece fuera y mengua dentro

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El fuerte crecimiento que ha registrado el uso del español en Estados Unidos a lo largo de los últimos años es la mejor muestra de que disfruta de una excelente salud. En la actualidad, es el segundo idioma internacional tras el inglés y, a la vista de los buenos datos que arroja su enseñanza e influencia alrededor del globo, su importancia será cada vez mayor. El español ya es una fuerza incontrolable en la primera potencia mundial, como evidencia su extendida presencia en la vida política, empresarial y cultural de los norteamericanos sin tutela ni promoción de ningún tipo. La razón estriba en la gran comunidad de hispanos que viven en el país y en el creciente valor estratégico que ostenta el español por sí mismo. Prueba de ello es que cuenta con cerca de 600 millones de hablantes, de los cuales 420 millones están en América, al tiempo que 22 millones de personas lo estudian en un total de 107 países, siendo, además, la tercera lengua más utilizada en internet. No es de extrañar que sea un valioso activo en EE.UU. a la hora de hacer negocios o de ascender en la política, mientras que su relevancia a nivel cultural nada tiene que envidiar al inglés, hasta el punto de desbancarlo como lengua franca del pop. La gran paradoja es que mientras el español es cada vez más demandado en el extranjero, el nacionalismo pretende aquí arrinconarlo en las autonomías donde gobierna, hasta tal punto de que vaya menguando su implantación en escuela, limitando los derechos de muchos catalanes a los que se priva del dominio de ese tesoro cultural y social y de las oportunidades que su dominio abre en todo el mundo.