Iberoamérica, futuro incierto

Actualizado:

NO es posible seguir ocultando por más tiempo las profundas divisiones que están cuarteando el continente americano. Los vientos que ha sembrado en los últimos años el venezolano Hugo Chávez son tempestades y los ecos de sus truenos se escuchan ya perfectamente desde Europa con la misma fuerza con la que hace tiempo se vienen registrando desde el otro lado del Atlántico. La reunión cumbre que terminó ayer en Viena ha sido seguramente el último acontecimiento en el que se haya visto comparecer juntos a los países de la Comunidad Andina de naciones (CAN), antes de que se produzca su inevitable desmembramiento. Para la Unión Europea, el único resultado de la reunión ha sido evitar que la ruptura le hubiera estallado en sus manos, lo que habría podido deteriorar peligrosamente su reputación en toda la zona. Poco más podía salvarse en estos momentos en los que este movimiento populista y protoindigenista (que el escritor peruano Mario Vargas Llosa ha calificado acertadamente como «racista») ha emprendido un camino que le impide tener relaciones normales y provechosas con Europa, y es de prever que más temprano que tarde el cisma que hoy se está produciendo entre los andinos acabe salpicando a Mercosur y repercuta negativamente en las relaciones del subcontinente con la UE. Y ello, con el agravante de que en el corazón de ese movimiento están las ingentes reservas petroleras de Venezuela y las de gas de Bolivia, de las que somos dependientes.

Para ser objetivos hay que reconocer que, muchas veces, la popularidad de las tesis neorrevolucionarias ha sido alentada por ciertas políticas que las empresas que han invertido en aquellos países no se habrían atrevido a realizar en Europa, pero eso no justifica la deriva por la que se disponen a llevar a sus pueblos algunos presidentes, como el boliviano Evo Morales, al que no pocos líderes europeos le han tenido que pedir en Viena que se comporte de una manera responsable.

El trío que forman Fidel Castro, como responsable ideológico, Hugo Chávez, como principal impulsor, y Evo Morales, el último en incorporarse (por ahora), no oculta lo que quieren ni mucho menos lo que no quieren. Ni las políticas abiertas ni el libre comercio están en su programa, y sólo por eso representan una opción incompatible con los fundamentos de la UE. Cuando lleguen los peores momentos, España está llamada a ser un elemento central de las discusiones. Esperemos que entonces el Gobierno ya tenga claro qué intereses debe defender y cuáles son las prácticas que no se pueden admitir. Lo que ha pasado hasta ahora con Cuba, Venezuela y Bolivia demuestra claramente que una política de apaciguamiento que no tenga en cuenta los principios básicos que defiende la UE es el mejor camino para el fracaso.