Mi homenaje a Toñi

TERESA JIMÉNEZ BECERRIL
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YO no necesito que me lo autorice ningún juez para homenajear con mis palabras a Toñi Santiago, la madre de Silvia, la niña de seis años que el 4 de agosto de 2002 fue asesinada por ETA mientras estaba jugando en el patio de su casa. Me gustaría que mi apoyo profundo, mi enorme respeto y mi auténtica admiración fueran un humilde reconocimiento a esa madre que tiene que vivir con el inhumano peso de haber sobrevivido a la trágica muerte de su hija de seis años, cuya única culpa fue la de tener un padre guardia civil, que trabajaba protegiendo la vida de todos los españoles y al que su trabajo le exigió el más injusto de los sacrificios. Deberíamos rendir más homenajes a tantos guardias civiles y policías que no sólo han perdido su vida por salvar la nuestra, sino que han visto morir a sus familiares y viven con el dolor de no haberlos podido salvar y con el peso de su ausencia. ¡Cuántos muertos en esas casas cuarteles a las que siempre ha apuntado ETA sin importarle si en ellas dormían niños o ancianos! Y hoy tenemos que soportar callando, porque lo dice un juez, que se rindan honores a los asesinos que hacen explotar los hogares donde viven nuestros «ángeles de la guardia», hemos de resignarnos a que las calles se cubran con las fotos de los criminales, que se aplaudan sus sangrientas hazañas y que se exija al Gobierno de España su vuelta a casa. No sé a ustedes, pero a mí me hierve la sangre y no es venganza, es vergüenza. Así que para paliar este atropello, hoy 4 de agosto, coincidiendo con el asesinato de Silvia, España entera debería hacerse ver poniendo una vela que ilumine la libertad, la justicia y la dignidad que algunos se empeñan en oscurecer. Yo voy a hacerlo y no voy a pedirle autorización a nadie, no vaya a ser que el juez de turno no me la dé y me obliguen a ir contra la ley.

No te preocupes, Toñi , el asesino de tu hija será homenajeado junto a otros quince etarras, con el beneplácito del juez que a veces «tiene razones que la razón no entiende», pero tu hija tiene el mayor de los reconocimientos; el de un pueblo que no olvida a sus víctimas y además tiene a una madre que vive y lucha por su memoria cada minuto de su vida. ¡Ánimo, Toñi! No llores por este nuevo agravio, que mil homenajes no conseguirán que Óscar Celarain, quien participó en el atentado contra tu hija, deje de ser un asesino, y a tu niña Silvia no le hacen falta homenajes para seguir siendo un ángel.

P.D: Tras los trágicos atentados, la Audiencia Nacional ha prohibido dicho homenaje que el juez Pedraz había autorizado, y gracias a la denuncia de Libertad y Justicia y al apoyo de los medios de comunicación que han hecho pública esa ofensa a las víctimas, los familiares de quienes fueron asesinados en Santa Pola en el verano de 2002, llorarán a los suyos, pero al menos por esta vez habremos evitado entre todos una triste humillación.