El héroe de los fanáticos

EDURNE URIARTE
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Los zapatazos del fanático iraquí Muntadar Al Zeidi han sido celebrados hasta ahora por los grupos terroristas Hamás y Hezbolá, por la hija del dictador Gadafi, por los seguidores del líder fundamentalista Muqtada Al Sadr, y, además, por una buena parte de la progresía occidental que nunca se había divertido tanto con una agresión violenta contra un jefe de Estado.

Llamaría tontos útiles a todos estos encantados espectadores de los zapatazos si me constara que piensan fijar su residencia en Irak. Como no es el caso, voy a dejar lo suyo en simple cinismo. El cinismo de quien no va a sufrir las consecuencias de una posible imposición en Irak de las ideas de Muntadar Al Zeidi y los suyos. «No queremos emerger de la cloaca del nacionalismo fanático sólo para entrar en la cloaca del fundamentalismo religioso» dijo el escritor iraquí Nabil Yunis Damman (Nimrod Rafaeli, en www.gees.org).

No lo quieren los liberales iraquíes. Pero lo quieren los fanáticos que piden la liberación de Al Zeidi. Y parecen quererlo los occidentales que los secundan, siempre dispuestos a apostar por el fundamentalismo, para los demás, por supuesto, antes que por Bush («La resistencia y la izquierda», de Naomi Klein, por ejemplo). Lo que demuestra que Irak ha sido un fracaso. No un fracaso en la lucha contra el terrorismo, pero sí un fracaso de la libertad, una constatación de que Occidente hará poco en el futuro por las víctimas de las dictaduras fuera del propio Occidente.

Y no sólo por la experiencia de que el fundamentalismo es aún más fuerte que el liberalismo en los países árabes, los grandes ausentes del avance mundial de la democracia. También por la experiencia del doble rasero con el que aquí se proclaman los Derechos Humanos. El debate de Irak es una muestra. Mientras se celebra por todo lo alto el 60 aniversario, algunos de los que se emocionan con la efeméride ríen los zapatazos del fanático iraquí. Que no son sólo a Bush, que lo son a la democracia y calculo que al menos a 25 de los 30 artículos de la Declaración Universal de 1948. Algunos iraquíes rechazan la libertad. Algunos occidentales, también.