Vidas ejemplares

Hasta se cortaría la coleta

En su desdoro final, Iglesias se arrastra por un puestecito

Luis Ventoso
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Con arrogancia sobrada, el gran Iglesias Turrión -al igual que Rivera- irrumpió en política divinizando la juventud, condenando la experiencia y las canas como si fuesen la peste bubónica y despellejando a toda la clase dirigente previa a él (en la que había algún chorizo, cierto, pero también muchísima más gente valiosa). Iglesias -como Rivera- proclamó endiosado que con él arrancaba una nueva era, la de la limpieza absoluta y las soluciones milagreras. Había nacido la Nueva Política, la efebocracia.

Pero ahora, ay, el joven ya tiene 40 tacos, dos churumbeles (y otro de camino), una mujer a la que ha enchufado en la cúpula de su empresa y una hipoteca de varios ceros. Iglesias se ha vuelto mayor y

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