Haddock

En España, la tierra de Cervantes y Quevedo, el insulto es un arte en decadencia

Jon Juaristi
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La presidenta del Congreso, Ana Pastor, furiosa por la frecuencia con que sus señorías se tachan mutuamente de golpistas o fascistas, ha amagado con eliminar las ocurrencias de tales epítetos del Diario de Sesiones, si bien todo ha quedado finalmente en que se registrarán entre claudátores o corchetes. Me parece una solución gazmoña y ridícula que sólo servirá para complicar la vida a los sufridos estenógrafos (estenógrafas en su mayoría). Habría merecido la pena, puestos a prohibir su mención directa, sustituirlos por emoticonos de sapos y culebras, para deleite de futuros investigadores de la historia parlamentaria, que podrían así dar rienda suelta a la parte verbal más guarra y reprimida de su imaginación.

Más absurdo aún es el hecho de

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