Guetos franceses

La crisis de identidad francesa ahonda la incertidumbre y la parálisis

Por Juan Pedro Quiñonero
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La crisis de identidad francesa ahonda la incertidumbre y la parálisis institucional de la UE, cuyo futuro está parcialmente hipotecado al resultado de las próximas elecciones presidenciales.

En 1954, la Asamblea Nacional francesa modificó el rumbo de la construcción política de Europa enterrando el proyecto de Comunidad Europea de Defensa. Entre 1995 y 2002 (primer mandato presidencial de Chirac, cohabitando durante cinco años con un gobierno socialista), Francia contribuyó de manera determinante a dinamitar el Pacto de Estabilidad que debía asegurar el relanzamiento de las economías europeas, perdiendo terreno en la nueva geografía del poder mundial. En 2005 el referéndum nacional galo paralizó indefinidamente la bizantina gestación de una nueva arquitectura institucional.

Voluntarista, «The Economist» estima que Francia necesita una Dama de Hierro (Mrs. Thatcher) para romper con los estragos de veinticinco años de demagogia de izquierda (Mitterrand) y derecha (Chirac), recordando datos esenciales: la primera industria mundial del lujo, la segunda agricultura exportadora internacional, la cuarta industria mundial de armas, grandes empresas con implantación planetaria, etc.

Sin embargo, basta que algunas bandas de franceses de raza negra peguen fuego a cuatro autobuses en los suburbios de París, para que toda Francia y parte de Europa queden hipnotizadas por una crisis de insondable calado, cuyo alcance europeo es bien evidente: es imprescindible esperar que Francia elija un nuevo presidente para volver a intentar relanzar la empantanada UE, sin arquitectura institucional estable, con graves problemas de inmigración y dolorosas tensiones raciales, religiosas, culturales...

La fragilidad francesa ilumina la patética fragilidad europea. El «Economist» estima que Francia puede salir del hoyo. Tampoco es descartable una agravación de la crisis precipitada por la demagogia, la xenofobia, el inmovilismo social y el coste de unas promesas electorales irresponsables.